12 de julio de 2021

La rana y el agua hirviendo


Si echamos una rana en una olla con agua hirviendo (a veces dicen agua muy caliente), esta salta inmediatamente hacia fuera y consigue escapar. En cambio si ponemos una olla con agua fría (a veces dicen temperatura ambiente) y echamos una rana esta se queda tan tranquila. Y si a continuación empezamos a calentar el agua poco a poco, la rana no reacciona sino que se va acomodando a la temperatura hasta que pierde el sentido y, finalmente, muere achicharrada.

Se trata de una conocidísima fábula para mostrar nuestra dificultad de adaptación a los cambios incrementales; aquellos que no son súbitos. Incluso, con frecuencia se dice que está basada en probados experimentos. Falso. Hasta hay dos autores, realmente solventes (a ambos los considero maestros), que la publican en dos de sus libros: Primero fue Peter Senge en La quinta disciplina y, algunos años más tarde, Manfred Kets de Vries la incluyó en Life and Death in the Executive Fast Lane.

La fábula está bien para transmitir un par de enseñanzas, al menos. 

Primero, nuestra capacidad para observar una situación problemática gana mucho si somos capaces de tomar distancia y observarla “desde fuera”. Y segundo, existen proceso lentos y graduales que amenazan nuestra supervivencia (o nuestra satisfacción, felicidad…) y que no somos capaces de identificar a tiempo.

¿Por qué ha sido así? ¿Por qué es tan popular esta fábula? Pues porque en el fondo se trata de una fantástica metáfora, sencilla y gráfica, de algo que realmente nos ocurre a los seres humanos, tanto como individuos como cuando nos juntamos en equipos y organizaciones: tendemos a acomodarnos en lo conocido, en la zona cómoda o de confort, y llegamos a negar incluso que permanecer ahí limita nuestras posibilidades, nuestra felicidad o realización o hasta nuestra supervivencia. Y digo más, creo que ello se produce tanto ante cambios incrementales del entorno o de nuestras circunstancias, como también en el caso de cambios súbitos. Los ejemplos pueden ser infinitos:

• Permanecemos en un empleo a pesar de que nos limiten nuestras responsabilidades, las posibilidades de aprendizaje, de promoción o la satisfacción personal. Personas que nunca aceptarían un empleo con esas características, se aferran a él cuando poco a poco, de modo progresivo, van entrando en una situación como la descrita.

 • Nos aferramos a nuestra pareja tras 20 años de convivencia, a pesar de que pesa 20 kilos más que cuando lo conocimos, padece alopecia, ya casi no le dirigimos la palabra más que para discutir y sus intereses e inquietudes se parece a los nuestros como un huevo a una castaña.

• Esa empresa, pequeña o grande (aquí el tamaño no importa), que ve cómo lentamente sus márgenes se van estrechando, que poco a poco va perdiendo clientes y capacidad de competir, y que sin embargo siguen tratando de hacer lo que siempre han hecho, lo que saben hacer, aunque eso ya no sea suficiente.

¿Por qué nos ocurre esto, realmente? 

Pues porque son muchas las personas que funcionan bajo el paradigma “Problema-Reactivo”. Lo utilizamos para protegernos del peligro y de las amenazas. Se trata de un paradigma que tiende a alejarnos de lo que no deseamos (problemas, obstáculos, amenazas…). Lo que queremos es volver “a la normalidad” lo antes posible, a que las cosas sean como antes del problema o amenaza. Es una cosmovisión guiada por el miedo, ya sea a que nos ocurra algo o a que nos deje de ocurrir, donde la ansiedad juega un papel central. Solemos tomar acciones (o no tomarlas) que lleven a reducir nuestro nivel de ansiedad, aunque estas acciones no resuelvan realmente el problema o no nos conduzcan al futuro que deseamos.

¿Cuál es la alternativa? 

Pues cuestionar ese paradigma, esa cosmovisión y adentrarse en un proceso difícil y largo, aunque también estimulante y motivador, de transformación personal  que te lleve a funcionar más bajo el paradigma “Resultado-Creativo”. En esta cosmovisión la energía para actuar no viene del miedo o de la reducción de la ansiedad, sino de la pasión, del deseo de querer conseguir algo que nos haga sentir bien. Desde ahí, con esa energía es posible conseguir resultados extraordinarios de modo sostenible. Este paradigma o cosmovisión es la base del crecimiento personal, del desarrollo del liderazgo y, en general, la base para conseguir vidas más plenas y satisfactorias, guiadas por un propósito y por una visión de lo que realmente anhelamos.

Si te vas acomodando y acostumbrando a los cambios que llegan sin reflexionar sobre ellos, puede que pierdas la visión de la realidad y termine afectando a tu calidad de vida. Busca siempre lo mejor para ser feliz y nunca pierdas la visión del lugar donde te encuentras.

Fuentes: Guia Infantil / Pablo Tovar  

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20 de junio de 2021

PAPÁ: Enséñale a caer



Navegando por la red me encontré con este interesante articulo, personalmente me gusto, porque nos invita a reflexionar y a proponernos ver las cosas desde otra óptica, ya que muchas veces cometemos errores al actuar, al hablar y al reaccionar frente a nuestros niños, pasando así por encima de todas nuestras creencias y de las teorías de que tan buenos padres podremos llegar a ser... Por ello quise compartirlo con todo ustedes.

Es un poco largo pero créanme que vale la pena leerlo y releerlo para digerirlo, y hacerlo realidad, para tenerlo a la mano, para consultar y por si acaso... 

"Lamento no poder ser, esta vez, tu solución, joven guerrero. A mal árbol te arrimas, yo he de ser el menos indicado para ayudarte en este caso. Sabrás perdonarme pero yo tampoco tengo la menor idea de que hacer ni por dónde comenzar. Yo tampoco sé cómo diablos se hace para criar a un hijo. Además, ni falta que hace porque, a estas alturas, me queda claro que no lo voy a tener, de modo que lo único que se me ocurre –en este instante en que te quiero más que cuando aún no eras papá– es escribirte esta lista de todo lo que yo NO haría." Autor: Beto Ortiz

Nunca emplees –con tu hijo– la palabra “obedecer” porque es un verbo indigno que denigra hasta a quien lo usa. Nadie es tan sabio que merezca ser obedecido. Enséñale, más bien, a dudar, a cuestionar, a rebelarse contra todo lo que le parezca injusto, sucio, cruel o falso. Anímalo a ponerse siempre del lado del que va perdiendo, del que se está llevando la peor parte, a proteger al pequeño y al frágil: al anciano, al pobre, al enfermo, a la flor, al niño, al perro. Y a serles fiel.

Enséñale, por supuesto, a pelear por lo que cree. A guerrear como un loco por la verdad a como dé lugar, al precio que sea, hasta las últimas consecuencias. A creer en la gente que la busca y a dudar de la gente que la encuentra. Nunca prohíbas, convence. Nunca des órdenes, plantea siempre un gran abanico de alternativas. En lugar de pretender decirle lo que tiene que hacer, cuéntale tu experiencia: dile lo bien o mal que te fue en la misma situación y después déjalo solo. Que sea valiente y que decida solito. No le impongas tus opiniones. No le impongas tus afectos. No le impongas tus gustos. No le impongas tu religión. Ahórrale la mayor cantidad posible de miedos y de culpas y lo habrás librado de una inmensa carga de dolor completamente innecesario.

No emplees nunca la palabra “cállate”. Jamás grites, ni golpees, ni castigues. Enséñale, más bien, que el que grita más es siempre el menos fuerte, que el que más maldice es siempre el menos temible, que el que insulta más es siempre el más imbécil.No dejes de abrazarlo y besarlo sin falta todos los días. La certeza de que tú lo quieres más que a nada en este mundo será una razón para aprender a quererse primero y para (intentar) querer a los demás, después.

No dejes de abrazar y besar a tu mujer delante de él, quiéranse siempre a la vista de todos pero cuando tengan ganas de pelear, esperen hasta que él se haya ido a la escuela y peléense en privado. No te permitas jamás, bajo ninguna circunstancia, la suprema cobardía de ofender ante él a su mamá. Recuerda que la madre es lo más sagrado y da la casualidad de que –antes que tu mujer– ella va a ser, sobre todas las cosas, su mamá. Suficiente confusión hay en la vida de los niños como para empeorarla con nuestras frustraciones, nuestros celos, nuestras deudas impagas y con toda nuestra mierda adulta.

No toleres nunca en tu casa el dudoso lujo de la violencia, lo único que lograrás será hacer miserable su niñez y cuando crezca y se convierta en la atroz catástrofe que tan primorosamente cultivaste, te devanarás los sesos preguntándote qué hiciste mal. No tengas miedo de mostrarte débil, falible, imperfecto, equivocado, triste, roto, humano. No te avergüences de contarle tus miserias, tus traiciones, tus flaquezas, tus derrotas. Si le hablas con el corazón en la mano, desarrollará un espíritu solidario y compasivo y será capaz de hacerlas suyas también, aprenderá a no sentirse con derecho a reclamarte, a juzgarte y condenarte. No te avergüences de mirarlo a los ojos si un mal día te abraza el infortunio y te ves obligado a cambiarlo de colegio, a mudarte a una casa más chiquita, a vender el carro, a dejar de ir al cine, a comer menos lomo y más grated de atún. Si eso ocurriera –toca madera, claro– pero si eso ocurriera, díselo sin pena ninguna, dile que esta carretera en que viajamos nunca va en línea recta y que siempre habrá tramos que te sorprenden con súbitas curvas e intempestivas bajadas.

Y si por el contrario, los dioses te bendicen y contigo la vida se ríe a carcajadas, tampoco se lo enrostres todo el tiempo, no le saques en cara que él tiene todo lo que tú nunca tuviste o que está –por eso– obligado a ser mucho mejor que tú. (Fíjate en la ridícula soberbia que encierra tamaño desafío). No lo obligues nunca a terminar la sopa apelando al hambre que tienen los niños del África a menos que tengas planeado animarlo a donar un porcentaje de sus propinas. Dale todo lo que necesite, pero tampoco mucho más. No olvides recalcarle que a los niños no se les diferencia por las marcas de sus zapatillas. Enséñale –por encima de todo– esa extraña alegría que solo se encuentra en el dar. Déjale muy en claro que cuanto menos tienes más libre eres, que –al final– tener no tiene absolutamente ninguna importancia.

No olvides enseñarle también a buscar la belleza. Entrénalo para encontrarla a cada paso en la perfección de la naturaleza o en el caos y aún en los lugares más insospechados. Por ejemplo: en su país, en el color de sus ojos, en la tristeza, en el silencio, en su interior. Nunca censures su curiosidad, no escatimes elogios a su gracia, talento o brillo, jamás silencies sus pasiones. No lo vigiles. No lo espíes. No lo invadas. Jugar es una actividad muy seria que requiere de la más absoluta privacidad. No le mientas nunca, ni para salir en defensa de un héroe de la patria, ni para hacerte negar en el teléfono, ni para justificar la imperdonable inasistencia de Papa Noel. Tampoco para intentar maquillar en algo los tramos menos admirables de tu biografía. Responde siempre con la verdad a todas sus preguntas, incluso a las más pendejas.

Muéstrate siempre ante él gloriosamente desnudo, sin rubores, sin temores, en todo el esplendor de tu imperfección. Que no se olvide nunca de que su mente es el único paracaídas con que cuenta y que solo lo salvará si logra que se abra a tiempo. No le digas que tiene que leer libros, mejor asegúrate de que, en casa, siempre te vea leer. No le digas que estudie, haz que sea testigo de la pasión con que haces lo que sea que hagas en la vida para ganarte los frejoles. No le digas de qué alegrarse, de qué indignarse, a quién admirar y de qué compadecerse. Deja que lo aprenda solo –por imitación o por oposición– viéndote batallar, viéndote sudar, viéndote insistir. Viéndote triunfar y celebrar y también fracasar con toda el alma y volver a empezar todas las veces que sea necesario. Enséñale, por supuesto, a perder, que eso es algo que nos va a tocar hacer una y mil veces. Enséñale a fallar, a sufrir, a llorar, a caer.

"Si solamente me vas a hacer caso en una, hazme caso en esta, guerrero: 
enséñale a caer."


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15 de abril de 2021

La asertividad: Comunicar bien para relacionarse mejor


Como si de un acto reflejo y meramente cotidiano se tratara, a menudo olvidamos la importancia de la comunicación en nuestras vidas, en tanto que ésta supone el proceso más importante de la interacción del ser humano. De hecho, una buena comunicación nos permite la construcción de vínculos sociales más fuertes, satisfactorios, auténticos y posibilitadores.

En este sentido, como herramienta de comunicación y habilidad social, la asertividad se convierte en un factor imprescindible.

A continuación les mostramos un fragmento del libro “¿Porqué he dicho blanco si quería decir negro?” de Manuel Güell, mediante el cual nos podremos acercar un poco más al concepto de asertividad:

La asertividad puede definirse como una habilidad social gracias a la cual una persona es capaz de decir: “Yo soy así”, “eso es lo que yo pienso, creo, opino”, “éstos son mis sentimientos sobre este tema”, “éstos son mis derechos”… Y dice todo esto respetando a los demás y respetándose a sí mismo. La conducta asertiva abarca lo que se dice y cómo se dice, es decir, tanto las formas verbales como las no verbales: mirada, gestos, tonos de voz, actitudes, etc. La conducta asertiva implica siempre el respeto a la integridad de las persona y el respeto a la integridad del otro, y en este sentido es una habilidad social también relacionada con la comunicación.

La conducta asertiva no es una llave mágica con la cual se puede conseguir siempre lo que uno quiere, pero el actuar de modo asertivo provoca que la persona esté bien con ella misma y con los demás. Es decir, hay un grado de satisfacción personal porque el individuo ha manifestado lo que quería sin contradecirse ni humillarse, y al mismo tiempo ha sido respetuoso con el otro.

Vista la importancia de la conducta asertiva, los invitamos a desarrollar su asertividad con el fin –tal y como afirma el título de esta entrada– de comunicaros bien y, así, relacionaros mejor.



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14 de abril de 2021

Tu mente es un imán


La mente tiene un poder magnético, ténlo presente y aplica este pensamiento: 
Cuando creo que puedo, tengo la razón; cuando creo que no puedo, también tengo la razón.
Eres lo que piensas ya que el pensamiento es energía y con esa energía creas tu propia realidad. Sé consciente de lo que declaras, afirmas o decretas ya que eres el profeta de tu propia vida.

Un ganador vive afirmando: Puedo, valgo mucho, soy capaz, me supero, salgo adelante, lo lograré.

Un perdedor decreta en la oscuridad, fracasa y excusa su falta de fe y entrega en la mala suerte.

Solo estás en la cumbre con palabras positivas, pensamientos animosos y posturas motivadoras.

Para ganar, confía en el poder de la oración y en la fuerza de la acción persistente: ora como si todo dependiera de Dios y, al mismo tiempo, actúa como si todo dependiera de tí. Cree en el poder de una mente positiva y en paz.

El poder magnético de la mente es superlativo y atrae a tu vida mucho de lo que piensas.

Debes tener sumo cuidado con lo que vives afirmando por qué eres el creador de tu destino.

El pesimista vive quejándose, todo lo ve siniestro y tiene un problema para cada solución. Por lo mismo, cada día está peor ya que atrae esa mala suerte que siempre lo acompaña.

Por el contrario, el optimista piensa en lo mejor, mira lo bueno y ve una oportunidad en cada dificultad.

Por eso dijo alguien: mientras los pesimistas se quejan, los optimistas mejoran el mundo.

La mente trabaja mejor cuando no estás muy acelerado, haces pausas, respiras bien, te serenas y repites para tí mismo: adagio, despacio, adagio.

En la melodía de la vida piensas y actúas mejor si andas despacio, sin premura, no siempre prestissimo y a toda velocidad.

Sé parte de la corriente Slow Life, que nos invita a controlar la mente y dejar un ritmo frenético que estresa y enferma.

Como en un concierto barroco, armoniza lo rápido con lo lento, adagio, calma, detente y relájate, deja las carreras desaforadas porque te pasan factura y te pierdes lo mejor de la vida.

Silencia a veces la mente y desconéctate porque vivir conectado te torna intenso y no rindes igual.

El silencio exterior e interior te sirven para aquietarte, sintonizar con Dios o los ángeles y ponerle un freno a la ambición.

El afán por poseer es letal, provoca infartos y rompe relaciones. Calma, adagio, despacio, adagio.

No caigas en la trampa de olvidar lo esencial seducido por lo que brilla, crees que la única realidad es lo material y te pierdes de disfrutar de otra realidad mucho más hermosa.

Cuando el negocio es conveniente, dejas de ver al portero que te abrió la puerta.

Cuando la cita es primordial, no observas a la secretaria que te dio la oportunidad de la cita.

Cuando el trabajo es importante, te olvidas que hay una esposa o un hijo a quienes decir: te amo, te extraño, te necesito.

Haz cambios en tu mente y tu alma y disfruta la vida más allá de lo material. Sabio no es el que sabe, sabio es el que practica.

Fuente: portafolio.co

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2 de abril de 2021

La escalera del éxito Pt. 3



¿Tú de qué tipo de persona quieres ser?
Sabes que si subes la escalera del éxito, serán muchos peldaños que tendrás que andar. Y ya antes de empezar, estás cansado. Olvídate de todo el camino que piensas que tendrás que recorrer, empieza dando el primer paso, ya llegarán los demás, ¿Vale?.
El tiempo en el que tenías que decidir qué hacer, se esta acabando. Tienes que decidir ya. Tienes que decidir si eres parte del problema o parte de la solución. Si quieres generar soluciones a lo que estás viviendo o seguir siendo el problema que crees que estás viviendo. Tú decides.
Sabes que si subes la escalera, tendrás que perder muchas cosas, tu rutina, tu comodidad, alguna amistad, noches de sueño… Pero sabes ¿qué ganaras? Mucho más de lo que te imaginas, aprendizaje, superación, confianza, y tus sueños.
Da el paso hacia arriba.
Porque además al darlo mucha gente de tu alrededor verán y querrán hacerlo también, romper con esas cadenas de la rutina y abrazar los sueños. Serás un ejemplo de superación y constancia a seguir.
El tiempo se termina, cree en ti. Porque al creer en ti, cada gota de sudor que caiga por tu frente, se convertirá en una gota de tu talento, de tu potencial .Cree en ti, convierte cada gota en tu potencial, en tu sueño.
Siempre he elegido subir la escalera del éxito, de superarme, de agradecer a todos y cada uno, cuando consigo un éxito, de confiar en mí y hasta aceptar la tristeza en algunos momentos. 

“El éxito no se logra solo con cualidades especiales. Es sobre todo un trabajo de constancia, de método y organización” decía J.P. Sergent.

¿Quieres subir la escalera que te lleve al éxito? ¿Has dado el primer paso? ¿Qué éxito quieres conseguir? ¿Has estado bajando la escalera y ahora quieres subir?

1 de abril de 2021

La escalera del éxito Pt. 2



Como hasta ahora, si te dices a ti mismo, que empezarás mañana a subir la escalera, NUNCA LO HARÁS. Las personas que cambian el mundo, son aquellos que dan el paso ahora, que están siempre en modo ACCIÓN.
Cuando has subido las escaleras que has soñado, siempre has empezado diciéndote una palabra: “SI”. Y tienes que volver a introducirte en esa cultura, en la del SI. Ya vale de excusas, de “ Es imposible, es un reto inalcanzable, de con los años que tengo, no podré…” Claro que puedes, claro que lo harás, y claro que es un reto alcanzable. Solo tienes que decirte SI y SI.
El empezar un nuevo camino, el subir las escaleras, te ilusiona. Y la ilusión es el motor de la vida. Sin ilusión, nadie saldría de casa, sin ilusión no sonreiríamos a esa persona que tanto queremos, sin ilusión no recorreríamos kilómetros para estar aunque sea para estar 5 minutos con esa persona.
Estas ilusionado, y eso te hace querer arrancar ya hacia tu sueño.
“Ya vale de estar como una estatua esperando que la vida me de lo que yo quiero, tengo que ir a por ello yo, tengo que ser el escultor de mi vida”, Te repite una y otra vez, pero todavía  no has dado el primer paso para subir hacia tu éxito.
Sabes que subir la escalera del éxito, supondrá más y más adversidades. Pero las adversidades son las que hacen conocerte mejor, descubrir talentos que no sabías que tenías, hacer cosas que jamás pensabas que harías.. El viento que sabes que sufrirás subiendo la escalera del éxito, te hará aún mejor, será un gran entrenador para ti.
De nuevo vienen tus miedos a decirte, que lo reconsideres, que este no es el mejor momento para hacer nada, para emprender ningún proyecto. ¿Pero cuándo es el mejor momento? Siempre estarás pensando que mañana, que mañana… AHORA ES EL MEJOR MOMENTO. Ahora es el momento de crear en el presente, el futuro que tú deseas.

La gente de éxito baila bajo la lluvia mientras otros intentan refugiarse en sus casas, esperando que amaine la tormenta. ¿Quieres el éxito? Aprende a bailar bajo la lluvia, el viento y las heladas.
Has fracaso en muchas situaciones, YO TAMBIÉN. Pero hazme un favor, JAMÁS permitas que un borron en tu vida, te haga tirar la toalla. APRENDE siempre de todos los fracasos que has vivido, y empieza por llamar a esos fracasos, experiencias de las que hay que aprender para posteriores situaciones, ¿HECHO?.
A todos nos gusta lamentarnos de resultados del pasado con informaciones conseguidas en el presente. Lo que importa es el presente, el pasado solo para aprender de él.
Explota lo bueno que quieres conseguir, o lo que tienes en ti y quieres demostrar a los demás, no te pases la vida corrigiendo lo malo.
Hasta ahora has sido una persona reactiva, reaccionabas ante las situaciones de la vida. Hoy es el momento del cambio, hay que ser PROACTIVOS. ¿Quiénes son esas personas? Las que tienen el control de su vida, de sus sueños.
Ya vale de lamentos, de que tu vida es lo peor, que nunca conseguirás nada, porque mientras no pares de lamentarte, no estarás enfocándote en miles de cosas que tendrías que estar celebrando, como el vivir, como la sonrisa de tu pareja, como la gente que te quiere. ¿No estaría mejor celebrar por eso que no por tus excusas?.
Estas aún decidiendo que hacer, rutina o éxito. Aparece  en tu mano, una manzana. Rica, amarilla, sabrosa. Quieres comértela, el pensar te ha dado hambre. Para un momento, si te la comes, solo podrás comer esa manzana. Sólo podrás degustar ese éxito. Pero si te das cuenta, dentro de ella, hay muchas semillas, que si las plantas, riegas, cuidas y alientas, podrás comer muchas más manzanas que una sola. Todos tenemos muchas semillas del éxito, la diferencia entre quienes comen una y quienes comen muchas, es que uno las riegan y otro no. El éxito no está en lo deslumbrante, no está basado en el éxito de un día, sino en algo más duradero.