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5 de agosto de 2022

¿Cómo se cierra una etapa?

No es novedad para nadie que no se puede escribir un nuevo capítulo, sino se deja de leer el anterior, sino se pasa de página, sino se cierra una etapa, eso no es novedad, no tiene misterio, pero algo que parece tan sencillo se puede tornar de lo más complicado. Más de una vez dicen es mejor cerrar la etapa, seguir adelante, pero siempre olvidan un detalle: ¿Cómo se cierra una etapa?, ¿cuál es la técnica a seguir?, ¿dónde está el manual?, ¿quién nos enseña cómo hacerlo? Nadie tiene las respuestas a estas mil preguntas, entonces es cuando nacen los problemas.

A diario escuchas gente intentando convencerse de que ese algo “es una etapa cerrada” pero a los dos minutos esa puerta que según ellos estaba cerrada hermética se abre con más fuerza que nunca; por ello para cerrar una etapa no basta con querer convencerte de que ese libro está archivado, una etapa no se cierra pronunciando un par de palabras mágicas. Un capítulo tampoco se finaliza odiando, ni despreciando, porque en mi opinión, aunque mucha gente crea que del amor al odio existe tan sólo un paso, para mi es imposible odiar algo que en su momento quisiste, que en otro momento te regaló instantes de alegría, de felicidad.

Entonces ¿cómo se cierra una etapa?, ¿cómo se pasa de página? Para muchos cerrar una etapa supone odiar, para otros ser indiferentes, en cambio otros simplemente prefieren seguir viviendo a puerta abierta.

Nada peor que no poder cerrar una puerta que sabemos debemos cerrar, es como una herida abierta, que al menor de los roces está esperando para volver a sangrar. Para curar la herida es necesario comenzar desde la capa más profunda, lo mismo pasa con la etapas, para cerrarlas se tiene que empezar desde el fondo del asunto, es como arrancar el árbol de raíz, pero para ello debemos convencernos de que no es por bronca, o por lastimar al otro, ni por demostrárselo al mundo, sino por nosotros mismos, porque necesitamos o deseamos comenzar a escribir un nuevo capítulo.

Por eso si alguien me pregunta ¿cómo se cierra una etapa?… Para mi cerrar un capítulo supone dejar  de lado odios, rencores,  para comenzar a aceptar desde nuestro interior que ese algo o ese alguien no pueden ser, que algunos para siempre no duran, que se necesita avanzar, que en muchas ocasionas algunas personas o circunstancias no vienen para quedarse, sino para dejarnos una enseñanza. Por ello para cerrar una etapa se debe estar dispuesto a dejar ir, a decir adiós, pero también a valorar todas las etapas, las que amamos y las que odiamos, porque todas trajeron consigo una enseñanza, algo que debíamos aprender.

Y un día, casi sin darte cuenta, pensarás en esa etapa como algo distante, como una página más de tu historia; ese día comprenderás que era lo que debías aprender con esa etapa, te darás cuenta cuanto has crecido, conocerás una mejor versión de ti… Entonces ese día estarás listo para comenzar a escribir un nuevo capítulo. 

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22 de abril de 2022

El éxito en la vida ¿Cuestión de suerte?


Tus actitudes y comportamientos son un reflejo de lo que sientes en tu interior y de lo que los demás piensan sobre ti.

A través de la actitud tenemos la potestad de construir o destruir el éxito o el fracaso en nuestra vida, de allí que algunas personas sean capaces de irradiar buena energía tan sólo con entrar a un lugar determinado, lo mismo ocurre con aquellas que están rodeadas de pensamientos negativos.

Evidentemente, no todos los días podemos conservar una actitud positiva, enfrentamos penas y tragos amargos que no tiene sentido ocultar, sin embargo, nunca olvides que toda acción genera una reacción y ser positivo siempre nos dará ventaja frente a los avatares de la vida.

Mantener una actitud positiva frente a la vida, no tiene que resultarnos cuesta arriba, sencillamente debemos seguir algunos consejos que nos ayuden a mantener esta actitud:

En principio se agradecido, cuando prácticas la gratitud eres más feliz y de esta manera tu actitud ante la vida, siempre será más positiva y beneficiosa incluso para tu salud, en aquellos momentos de prueba donde se nos presentan obstáculos, debemos ser agradecidos con más razón todavía.

En segundo lugar, ayuda a los demás, no hay nada que llene de mayor placer que tender la mano a todo aquel que lo necesita y sin duda, siempre cultivarás una mejor actitud.

En tercer lugar, rodéate de personas positivas, elimina de tu vida todos esos pensamientos tóxicos que contaminan tu entorno, comentarios destructivos, críticas a la vida de los demás, calumnias y malas intenciones. Depurando tu entorno, podrás llenar de buenas energías todo lo que recibes de el.

En cuarto lugar, visualiza lo mejor de ti, cree en ti mismo, siempre aprende a ver lo mejor de ti, esto no significa tratar de ser extremadamente perfeccionista o ser muy duro contigo, sencillamente alimentar de forma positiva la autoestima.

Y en última instancia, practica la meditación, estos espacios de tranquilidad y serenidad te ayudarán a cultivar esas actitudes de sosiego que nos permiten depurar nuestros pensamientos y mantener una actitud más acorde con la vida que deseamos llevar, es inevitable dejarse arrastrar por la rutina y lo agobiante de las responsabilidades, sin embargo, esto no tiene que traducirse en una vida tortuosa, por el contrario, podemos hacer de nuestra vida, un panorama de armonía y placer en cada cosa que hacemos.

rincondeltibet

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20 de junio de 2021

PAPÁ: Enséñale a caer



Navegando por la red me encontré con este interesante articulo, personalmente me gusto, porque nos invita a reflexionar y a proponernos ver las cosas desde otra óptica, ya que muchas veces cometemos errores al actuar, al hablar y al reaccionar frente a nuestros niños, pasando así por encima de todas nuestras creencias y de las teorías de que tan buenos padres podremos llegar a ser... Por ello quise compartirlo con todo ustedes.

Es un poco largo pero créanme que vale la pena leerlo y releerlo para digerirlo, y hacerlo realidad, para tenerlo a la mano, para consultar y por si acaso... 

"Lamento no poder ser, esta vez, tu solución, joven guerrero. A mal árbol te arrimas, yo he de ser el menos indicado para ayudarte en este caso. Sabrás perdonarme pero yo tampoco tengo la menor idea de que hacer ni por dónde comenzar. Yo tampoco sé cómo diablos se hace para criar a un hijo. Además, ni falta que hace porque, a estas alturas, me queda claro que no lo voy a tener, de modo que lo único que se me ocurre –en este instante en que te quiero más que cuando aún no eras papá– es escribirte esta lista de todo lo que yo NO haría." Autor: Beto Ortiz

Nunca emplees –con tu hijo– la palabra “obedecer” porque es un verbo indigno que denigra hasta a quien lo usa. Nadie es tan sabio que merezca ser obedecido. Enséñale, más bien, a dudar, a cuestionar, a rebelarse contra todo lo que le parezca injusto, sucio, cruel o falso. Anímalo a ponerse siempre del lado del que va perdiendo, del que se está llevando la peor parte, a proteger al pequeño y al frágil: al anciano, al pobre, al enfermo, a la flor, al niño, al perro. Y a serles fiel.

Enséñale, por supuesto, a pelear por lo que cree. A guerrear como un loco por la verdad a como dé lugar, al precio que sea, hasta las últimas consecuencias. A creer en la gente que la busca y a dudar de la gente que la encuentra. Nunca prohíbas, convence. Nunca des órdenes, plantea siempre un gran abanico de alternativas. En lugar de pretender decirle lo que tiene que hacer, cuéntale tu experiencia: dile lo bien o mal que te fue en la misma situación y después déjalo solo. Que sea valiente y que decida solito. No le impongas tus opiniones. No le impongas tus afectos. No le impongas tus gustos. No le impongas tu religión. Ahórrale la mayor cantidad posible de miedos y de culpas y lo habrás librado de una inmensa carga de dolor completamente innecesario.

No emplees nunca la palabra “cállate”. Jamás grites, ni golpees, ni castigues. Enséñale, más bien, que el que grita más es siempre el menos fuerte, que el que más maldice es siempre el menos temible, que el que insulta más es siempre el más imbécil.No dejes de abrazarlo y besarlo sin falta todos los días. La certeza de que tú lo quieres más que a nada en este mundo será una razón para aprender a quererse primero y para (intentar) querer a los demás, después.

No dejes de abrazar y besar a tu mujer delante de él, quiéranse siempre a la vista de todos pero cuando tengan ganas de pelear, esperen hasta que él se haya ido a la escuela y peléense en privado. No te permitas jamás, bajo ninguna circunstancia, la suprema cobardía de ofender ante él a su mamá. Recuerda que la madre es lo más sagrado y da la casualidad de que –antes que tu mujer– ella va a ser, sobre todas las cosas, su mamá. Suficiente confusión hay en la vida de los niños como para empeorarla con nuestras frustraciones, nuestros celos, nuestras deudas impagas y con toda nuestra mierda adulta.

No toleres nunca en tu casa el dudoso lujo de la violencia, lo único que lograrás será hacer miserable su niñez y cuando crezca y se convierta en la atroz catástrofe que tan primorosamente cultivaste, te devanarás los sesos preguntándote qué hiciste mal. No tengas miedo de mostrarte débil, falible, imperfecto, equivocado, triste, roto, humano. No te avergüences de contarle tus miserias, tus traiciones, tus flaquezas, tus derrotas. Si le hablas con el corazón en la mano, desarrollará un espíritu solidario y compasivo y será capaz de hacerlas suyas también, aprenderá a no sentirse con derecho a reclamarte, a juzgarte y condenarte. No te avergüences de mirarlo a los ojos si un mal día te abraza el infortunio y te ves obligado a cambiarlo de colegio, a mudarte a una casa más chiquita, a vender el carro, a dejar de ir al cine, a comer menos lomo y más grated de atún. Si eso ocurriera –toca madera, claro– pero si eso ocurriera, díselo sin pena ninguna, dile que esta carretera en que viajamos nunca va en línea recta y que siempre habrá tramos que te sorprenden con súbitas curvas e intempestivas bajadas.

Y si por el contrario, los dioses te bendicen y contigo la vida se ríe a carcajadas, tampoco se lo enrostres todo el tiempo, no le saques en cara que él tiene todo lo que tú nunca tuviste o que está –por eso– obligado a ser mucho mejor que tú. (Fíjate en la ridícula soberbia que encierra tamaño desafío). No lo obligues nunca a terminar la sopa apelando al hambre que tienen los niños del África a menos que tengas planeado animarlo a donar un porcentaje de sus propinas. Dale todo lo que necesite, pero tampoco mucho más. No olvides recalcarle que a los niños no se les diferencia por las marcas de sus zapatillas. Enséñale –por encima de todo– esa extraña alegría que solo se encuentra en el dar. Déjale muy en claro que cuanto menos tienes más libre eres, que –al final– tener no tiene absolutamente ninguna importancia.

No olvides enseñarle también a buscar la belleza. Entrénalo para encontrarla a cada paso en la perfección de la naturaleza o en el caos y aún en los lugares más insospechados. Por ejemplo: en su país, en el color de sus ojos, en la tristeza, en el silencio, en su interior. Nunca censures su curiosidad, no escatimes elogios a su gracia, talento o brillo, jamás silencies sus pasiones. No lo vigiles. No lo espíes. No lo invadas. Jugar es una actividad muy seria que requiere de la más absoluta privacidad. No le mientas nunca, ni para salir en defensa de un héroe de la patria, ni para hacerte negar en el teléfono, ni para justificar la imperdonable inasistencia de Papa Noel. Tampoco para intentar maquillar en algo los tramos menos admirables de tu biografía. Responde siempre con la verdad a todas sus preguntas, incluso a las más pendejas.

Muéstrate siempre ante él gloriosamente desnudo, sin rubores, sin temores, en todo el esplendor de tu imperfección. Que no se olvide nunca de que su mente es el único paracaídas con que cuenta y que solo lo salvará si logra que se abra a tiempo. No le digas que tiene que leer libros, mejor asegúrate de que, en casa, siempre te vea leer. No le digas que estudie, haz que sea testigo de la pasión con que haces lo que sea que hagas en la vida para ganarte los frejoles. No le digas de qué alegrarse, de qué indignarse, a quién admirar y de qué compadecerse. Deja que lo aprenda solo –por imitación o por oposición– viéndote batallar, viéndote sudar, viéndote insistir. Viéndote triunfar y celebrar y también fracasar con toda el alma y volver a empezar todas las veces que sea necesario. Enséñale, por supuesto, a perder, que eso es algo que nos va a tocar hacer una y mil veces. Enséñale a fallar, a sufrir, a llorar, a caer.

"Si solamente me vas a hacer caso en una, hazme caso en esta, guerrero: 
enséñale a caer."


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14 de abril de 2021

Tu mente es un imán


La mente tiene un poder magnético, ténlo presente y aplica este pensamiento: 
Cuando creo que puedo, tengo la razón; cuando creo que no puedo, también tengo la razón.
Eres lo que piensas ya que el pensamiento es energía y con esa energía creas tu propia realidad. Sé consciente de lo que declaras, afirmas o decretas ya que eres el profeta de tu propia vida.

Un ganador vive afirmando: Puedo, valgo mucho, soy capaz, me supero, salgo adelante, lo lograré.

Un perdedor decreta en la oscuridad, fracasa y excusa su falta de fe y entrega en la mala suerte.

Solo estás en la cumbre con palabras positivas, pensamientos animosos y posturas motivadoras.

Para ganar, confía en el poder de la oración y en la fuerza de la acción persistente: ora como si todo dependiera de Dios y, al mismo tiempo, actúa como si todo dependiera de tí. Cree en el poder de una mente positiva y en paz.

El poder magnético de la mente es superlativo y atrae a tu vida mucho de lo que piensas.

Debes tener sumo cuidado con lo que vives afirmando por qué eres el creador de tu destino.

El pesimista vive quejándose, todo lo ve siniestro y tiene un problema para cada solución. Por lo mismo, cada día está peor ya que atrae esa mala suerte que siempre lo acompaña.

Por el contrario, el optimista piensa en lo mejor, mira lo bueno y ve una oportunidad en cada dificultad.

Por eso dijo alguien: mientras los pesimistas se quejan, los optimistas mejoran el mundo.

La mente trabaja mejor cuando no estás muy acelerado, haces pausas, respiras bien, te serenas y repites para tí mismo: adagio, despacio, adagio.

En la melodía de la vida piensas y actúas mejor si andas despacio, sin premura, no siempre prestissimo y a toda velocidad.

Sé parte de la corriente Slow Life, que nos invita a controlar la mente y dejar un ritmo frenético que estresa y enferma.

Como en un concierto barroco, armoniza lo rápido con lo lento, adagio, calma, detente y relájate, deja las carreras desaforadas porque te pasan factura y te pierdes lo mejor de la vida.

Silencia a veces la mente y desconéctate porque vivir conectado te torna intenso y no rindes igual.

El silencio exterior e interior te sirven para aquietarte, sintonizar con Dios o los ángeles y ponerle un freno a la ambición.

El afán por poseer es letal, provoca infartos y rompe relaciones. Calma, adagio, despacio, adagio.

No caigas en la trampa de olvidar lo esencial seducido por lo que brilla, crees que la única realidad es lo material y te pierdes de disfrutar de otra realidad mucho más hermosa.

Cuando el negocio es conveniente, dejas de ver al portero que te abrió la puerta.

Cuando la cita es primordial, no observas a la secretaria que te dio la oportunidad de la cita.

Cuando el trabajo es importante, te olvidas que hay una esposa o un hijo a quienes decir: te amo, te extraño, te necesito.

Haz cambios en tu mente y tu alma y disfruta la vida más allá de lo material. Sabio no es el que sabe, sabio es el que practica.

Fuente: portafolio.co

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26 de agosto de 2020

¿Cuál es el propósito de educar hoy?


La palabra “educar” está asociada a guiar, facilitar, conducir, inducir, orientar, cambiar. Cada una de estas acciones reflejan de alguna manera la tarea y el compromiso de quien educa, sean estos padres o educadores, quienes son los principales protagonistas en la tarea educativa de sus hijos y sus alumnos, respectivamente.

Sin embargo, habría que analizar la realidad del siglo XXI y cuestionarse ¿hacia dónde estamos educando? y ¿cómo lo estamos haciendo? pero sobre todo evaluar ¿qué resultados estamos obteniendo?

Compartir con cientos de estudiantes, hijos, educadores y padres en diferentes partes del mundo, me hace reflexionar sobre la calidad de la educación que se está dando en nuestros tiempos, entendiéndose por calidad educativa ¨la capacidad de responder a las necesidades del entorno¨.

Parte de esta realidad la veo reflejada en la dificultad de los educadores para motivar al aprendizaje y responder a la diversidad, el reto de los padres en la formación de valores y hábitos en sus hijos, la dificultad de ambos para mantener y desarrollar una convivencia adecuada en el entorno familiar y educativo, la dificultad de los hijos y estudiantes para establecer un vínculo con sus padres y sus educadores, la frustración de los alumnos por no encontrarle un sentido o significado al contenido curricular. Todo ello es una muestra de que es necesario reflexionar sobre el sentido que tiene hoy en día el modelo de educación que se está desarrollando en la familia y en la escuela.

La formación integral de la persona debe seguir siendo el propósito fundamental de la educación; los padres y educadores deben ser y seguirán siendo los protagonistas de esta tarea, siendo el ejemplo la herramienta más potencial. Debemos de volver a una educación personalizada, la cual implica conocer y respetar la individualidad de cada uno, ofreciendo una educación para todos. El contenido del currículo debe responder a un aprendizaje significativo y la metodología debería estar fundamentada en herramientas prácticas y efectivas que motiven al aprendizaje.

Pensar en educar en el siglo XXI no es sinónimo de educar con tecnología o involucrarnos en una vida cibernética, sino más bien nos invita hoy, más que nunca, a potencializar las competencias del ser humano, fortalecer los valores, fomentar las buenas relaciones interpersonales y desarrollar aptitudes para la vida personal y profesional. Esto solo se puede lograr cuando se tiene un guía, un orientador, un facilitador, que sea capaz de establecer una relación o un vínculo con sus pupilos, de manera que logre sacar de dentro lo mejor de cada uno, dirigiéndole hacia un objetivo con estrategias efectivas de enseñanza dentro de un ambiente motivador que favorezca el aprendizaje. Existe una receta óptima y única para enseñar hoy, mañana y siempre, esa es la ACTITUD DEL EDUCADOR que logra, sobre todo, la disposición de un estudiante para querer aprender.

Los educadores y padres necesitan aprender a educar a los hijos y estudiantes de hoy, no podemos seguir conscientes de la necesidad de un cambio, es necesario hacer algo al respecto.

Las grandes empresas se están enfrentando a la realidad moderna que les exige mayor eficiencia, ejecutivos con conocimiento del mercado y con liderazgo, así como equipos altamente efectivos. De la misma manera la escuela y el hogar son las empresas más importantes responsables de formar personas que serán la base de la sociedad del futuro. Necesitamos educadores y padres con conocimiento y liderazgo, conformando equipos altamente efectivos dentro de instituciones familiares y educativas, sólidas, alineadas a mismo fin y propósito, flexibles y dispuestas al cambio pero sobre todo preparadas para asumir el RETO DE EDUCAR HOY

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4 de diciembre de 2018

¿La razón o la relación?


Todos tenemos derecho a pensar lo que queremos y nadie tiene por que pensar como nosotros, ya que al otro le cabe el mismo derecho.


Por eso discutir por la razón, daña la relación, y consume energía.
No podemos ver todo blanco o negro, los casos cambian y todos tenemos perspectivas diferentes de las situaciones y la vida.
Somos libres de modificar nuestras opiniones, por eso no vale la pena discutir.
La pregunta es:
¿Como lograr un nivel de contacto con el otro, manteniendo una conversación sobre diferencias sin agredirnos?
La respuesta es:
“Aceptando”.
  • ACEPTAR: No significa estar de acuerdo, sino respetar el derecho de ver, de opinar y de sentir distinto.
  • ACEPTAR : Es tener la mente abierta para comprender como el otro opina y porque.
  • ACEPTAR: No es destruir la opinión del otro sino tolerarla, de la misma forma que esperamos que otros acepten la nuestra.
Para Aceptar es necesario conocernos nosotros mismos y aceptarnos también.
Es una forma de Empezar por casa :  “Siendo el cambio que queremos ver en el mundo”
Cuando sabés quien eres y te aceptas no tienes necesidad de defender tus razones a ultranza, porque ya no te identificas con ellas, y  no temes cambiarlas o perderte al hacerlo.
Entonces, cuando alguien  “menos – precia” tus opiniones, no lo confundís con un “menos  - precio” personal y puedes sostener una conversación mas productiva.
Harás importante lo importante, te afectará aquello que permitas, no le darás autoridad a quien no la tiene, y no te comprarás lo que no te sirve.
Pero para evaluar todo esto, es necesario aceptar primero.
Respeta las opiniones de los otros, si se unen a las tuyas, aprende a jugar en equipo, y si no es así sigue tu camino y no te detengas hasta llegar a tu meta.


“Las querellas no durarían mucho si el error estaría en una sola parte”
Duque de Rochefoucauld


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13 de abril de 2017

Coaching Personal: ¿Te quejas para desahogarte o es tu estilo de vida?


"Hay más problemólogos que solucionólogos." - Quino
Creo que es en su película Annie Hall donde Woody Allen contaba esta historia:

Hay un viejo chiste sobre dos ancianas que están en un hotel. Una dice ¡qué mala es la comida! y la otra contesta sí, ¡y las raciones son tan pequeñas!

Supongo que la verosimilitud de la cita se podrá cotejar en internet. Hay que tener cuidado con lo que se escribe en la red porque antes se descubre a un inexacto que a un ignorante. En muchas ocasiones las quejas no significan mucho, salvo que la vida no es perfecta, y no influyen prácticamente en nuestro comportamiento, en el día a día.

Así, casi todas las mañanas, cuando tengo que madrugar para ir al trabajo, suelo rezongar lastimosamente sobre mi incómodo destino de laboriosa hormiga pero, sin embargo, tras la ducha, y una vez montado en el tren de mis hábitos diarios, el lamento queda atrás, arrinconado y sin efecto. El problema no es la queja en sí, que no deja de ser un mera reacción verbal o emocional producto de un mal momento. Si me corto afeitándome, me duele y me quejo; si me abandonan como a un perro chico, ladraré y aullaré, y me pondré a patear en busca de un nuevo hogar…o no. Pero, ¿y si resulta que cuando me quejo alguien me presta atención, me escucha, me echa cuentas? Entonces la queja dejaría de ser una consecuencia natural para pasar a tener una función social.

La diferencia entre las ratas y los seres humanos es que la mayoría de estos últimos seguirán en un túnel en el que no hay queso. (Quién se ha llevado mi queso, Spencer Johnson)

El problema no son las quejas en sí, sino lo que hago (y hacen) con ellas. Quejarse, a uno mismo y/o a los demás, se ha puesto de moda, se ha convertido en una forma de comunicación en sí misma, en una forma muy frecuente de relacionarse con los demás. La queja es un pozo sin fondo como tema de conversación. Los que se quejan demandan atención y piden que se les den razones o se les de la razón (suelen ser sinónimos), y los que escuchan las lamentaciones se prestan inconscientemente al juego. También los profesionales de la orientación profesional, el coaching, la educación e incluso el management, que actúan sobre el pesimismo verbal intentando hacer ‘entrar en razón’ a sus clientes y animándolos: “la vida no es tan mala”, “te lo estás tomando a la tremenda”, “vamos, mañana será otro día!”…

¿Cómo debemos actuar antes aquéllos cuyo estilo de vida es la queja? Es más, ¿cómo deberían comportarse ellos mismos para no perder su energía y hacerla perder a los que les rodean? Sólo se me ocurren dos vías antagónicas: intentar racionalizar continuamente para encontrarle sentido a nuestros problemas o aceptar que la vida puede ser dura a veces y seguir con el plan marcado, dando el próximo paso previsto.

“Nunca cuentes tus problemas: al 20% no le importa y el 80% se alegra de que los tengas”. Lou Holz

En esta sociedad de la felicidad, nos dicen y nos decimos que tenemos que sentirnos bien y tener ‘inteligencia emocional’ para así estar en condiciones de trabajar y vivir mejor. Pero ya hace más de un siglo que el creador de la psicología funcional, William James, acuñó el principio más efectivo para alcanzar el bienestar y para reducir las quejas y la insatisfacción que generan las propias obsesiones:

El pájaro no canta porque es feliz sino que es feliz porque canta.

Cada vez veo a más personas insatisfechas que analizan y vuelven a analizar sus problemas, y los convierten en objeto de conversación y rumiación social. Cada vez más personas esperan que la felicidad ‘llegue a sus vidas’ y acabe con la imperfección y la mediocridad de su día a día. Hace tiempo que dejaron de cantar esperando las ganas de cantar.

Quejarse no es especialmente negativo si no lo usas como excusa para abandonar la ruta o para dejarse ir al pairo. Y el verdadero problema se genera cuando la queja se ha convertido en tu estilo de vida y de relación. Los demás ya esperan esa actitud por tu parte y tú te sientes cómodo en el papel de experto en qué no hacer y qué no funciona.

¿Cómo evitar el yugo del negativismo? Haz planes, da pasos pequeños, mantente activo y no abras la boca salvo para hacer propuestas. ¿Un lema?

Te sientas como te sientas, pienses lo que pienses, haz lo que debes, lo que tienes previsto

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