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17 de agosto de 2022

Estrategias que te llevarán a conseguir los resultados que deseas



Todo el mundo quiere conseguir el éxito, o al menos eso afirman, pero a la hora de la verdad pocas personas están verdaderamente comprometidas con el mismo. Anteponen prejuicios, compromisos y el que dirán a lo verdaderamente práctico e importante, y luego se preguntan por qué no consiguen lo que quieren y acaban culpando de todos sus males a las circunstancias o a otros.
Te enseño en este artículo unas estrategias que te llevarán a conseguir los resultados que deseas.
¿De quién te rodeas?
Observa a tu alrededor y mira qué tipo de personas tienes a tu lado. Eres un promedio de las seis personas con las que más te relacionas. Si las personas que están cerca de ti, son negativas, envidiosas y no tienen éxito. Eso es lo que habrá en tu vida.
Rodéate de gente que te haga sentir bien, que te motive a ser la persona exitosa que quieres llegar a ser. Personas que están en tu mismo camino o que ya han conseguido lo que tú quieres conseguir. Rompe con quien te hace perder tu tiempo y siempre anda con frases negativas que te hacen sentir peor y no te ayudan a conseguir lo que deseas.
¿Qué lees? ¿Qué ves en la televisión? ¿Qué tipo de música escuchas?
Igual que las personas de las que te rodeas afectan a tu vida y a tus resultados, ocurre lo mismo con la información que recibes ¿Qué libros lees? ¿Qué programas de televisión te gustan? ¿Qué tipo de música escuchas?
Casi todas mis lecturas tienen que ver con los negocios y el desarrollo personal. Es raro que me veas leyendo una novela, aunque también hay novelas positivas y que motivan a entrar en acción. Hace tiempo que no veo los informativos de televisión, sólo dan malas noticias porque eso es lo que vende y la realidad es que también ocurren cosas buenas.
Pero sin embargo últimamente tal como están esos programas, no te ayudan en absoluto a levantar el ánimo, más bien todo lo contrario. Cuando alguna vez me ha pillado en algún sitio donde tenían la televisión encendida y he visto lo que contaban, me he preguntado cómo es posible que aún estemos todos vivos, porque tal como lo cuentan, esto tenía que haber petado hace mucho tiempo.
No son realistas, lo hacen para que te quedes pegada a la televisión, porque el drama vende. Así que no creas que estás bien informada por no perderte los informativos, tan sólo estás manipulada.
La música que escuchas también es importante, te recomiendo que utilices música Zen, de Feng shui o Reiki. En cualquier tienda especializada puedes encontrar música adecuada para provocar el ánimo que deseas.
Ser, hacer y tener
Este es el orden en el que realmente se dan las cosas. En la sociedad actual, lo hacemos totalmente a la inversa, primero debes tener, para poder hacer y finalmente ser. La realidad es todo lo contrario primero hay que ser, después hacer y finalmente tendrás.
Es por eso por lo que te cuesta tanto conseguir tus metas. La casa se comienza con unos buenos cimientos, y esos cimientos son el ser, que sostiene todo lo demás. Aprende a ser por encima de los miedos y las circunstancias, es así como conseguirás todo lo que te propongas.
¿Estás de verdad asumiendo la responsabilidad con tu éxito?

De esto te hablaba al principio del artículo ¿Estás verdaderamente comprometida con tu éxito, o te limitas a buscarte excusas, en circunstancias o personas externas? Todo tiene un precio en esta vida, a veces es dinero, a veces esfuerzo, otras el romper con paradigmas establecidos o con apegos.

La pregunta es ¿Estás dispuesta a pagar el precio, o prefieres pasarte la vida a merced de las circunstancias y culpando a factores externos de tu falta de suerte? Créeme que el precio a pagar por no comprometerte con tus sueños es mucho más alto. Lo que te detiene no son los factores externos, sino tu miedo a los mismos y a supuestas desgracias que nunca ocurren.
Podrás culpar a lo que quieras y a quien quieras, pero eso no va a cambiar tu vida, ni te va a solucionar problemas.
Aplica estas estrategias a tu vida, y comienza a conseguir tus resultados deseados.

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13 de junio de 2022

Responsabilidad y estrés


Qué duda cabe de que todos, de una manera u otra, tenemos responsabilidad sobre alguna cosa. La responsabilidad, la mayor parte de las ocasiones, genera algún tipo de estrés, tal vez poco, pero algo genera. Hay personas que de la responsabilidad, por pequeña que ésta sea, hace una montaña inexpugnable que convierte su vida en un calvario, llena de sufrimiento y de insatisfacción. Algunas de ellas piensan que es mejor no tener responsabilidad de nada, ni siquiera de sus propias vidas.

Hay algo maravilloso en eso de no ser responsable, hay algo que satisface. ¿Qué es lo bueno de no ser responsable? Si no eres responsable no tienes la culpa de nada. Hermoso, “yo no tengo la culpa”, por tanto “soy inocente”. Son los otros los responsables, el mundo, el entorno, la crisis, el gobierno, quien sea menos yo.

La satisfacción de ser inocente plantea una seria cuestión: ¿qué tiene que suceder para que las cosas sean como a mi gusta? Por ejemplo, si siempre llego tarde al trabajo por culpa del tráfico, ¿cuándo llegaré a tiempo al trabajo?, ¿cuando el tráfico sea fluido? ¿puedo yo hacer que el tráfico sea fluido? Excepto que trabajes en el ministerio competente en la materia, lo más probable es que no puedas controlar el tráfico, por tanto nunca vas a llegar a tiempo al trabajo. La única manera de llegar a tiempo será tomando responsabilidad en el asunto y saliendo antes de casa.

Este es un ejemplo muy sencillo y fácil de entender, hay cientos de situaciones en las que ponemos la responsabilidad, la culpa, fuera de nosotros. Las personas que practican esta técnica, la mayoría de las veces, no son conscientes del estrés que se están poniendo de forma totalmente gratuita. Poner la responsabilidad fuera de nosotros significa ceder el control de aquello que nos pasa a otro ente o persona. Eso genera sensación de impotencia puesto que no podemos cambiar a los demás, ya les gustaría a muchos poder cambiar a los demás, pero no es así. Cuando cuentan la historia de forma que no tienen nada que ver con el problema, en realidad están diciendo que tampoco tienen nada que ver con la solución.

Esta forma de vivir tiene un inconveniente y es que si decides que no tienes posibilidad de alterar tu vida, porque las cosas que te pasan son decisión de otro, dependerás de otro para ser feliz; si el mundo te trata bien serás feliz, si el mundo te trata mal serás infeliz, como si tu no pudieras hacer nada para influir en cómo te trata el mundo.

Tu decides, la responsabilidad genera un tipo de estrés, la inocencia genera otro diferente, pero estrés al fin y al cabo.

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27 de mayo de 2022

Responsabilidad y estrés


Qué duda cabe de que todos, de una manera u otra, tenemos responsabilidad sobre alguna cosa. La responsabilidad, la mayor parte de las ocasiones, genera algún tipo de estrés, tal vez poco, pero algo genera. 
Hay personas que de la responsabilidad, por pequeña que ésta sea, hace una montaña inexpugnable que convierte su vida en un calvario, llena de sufrimiento y de insatisfacción. Algunas de ellas piensan que es mejor no tener responsabilidad de nada, ni siquiera de sus propias vidas.
Hay algo maravilloso en eso de no ser responsable, hay algo que satisface. ¿Qué es lo bueno de no ser responsable? Si no eres responsable no tienes la culpa de nada. Hermoso, “yo no tengo la culpa”, por tanto “soy inocente”. Son los otros los responsables, el mundo, el entorno, la crisis, el gobierno, quien sea menos yo.
La satisfacción de ser inocente plantea una seria cuestión: ¿qué tiene que suceder para que las cosas sean como a mi gusta? Por ejemplo, si siempre llego tarde al trabajo por culpa del tráfico, ¿cuándo llegaré a tiempo al trabajo?, ¿cuando el tráfico sea fluido? ¿puedo yo hacer que el tráfico sea fluido? Excepto que trabajes en el ministerio competente en la materia, lo más probable es que no puedas controlar el tráfico, por tanto nunca vas a llegar a tiempo al trabajo. La única manera de llegar a tiempo será tomando responsabilidad en el asunto y saliendo antes de casa.
Este es un ejemplo muy sencillo y fácil de entender, hay cientos de situaciones en las que ponemos la responsabilidad, la culpa, fuera de nosotros. Las personas que practican esta técnica, la mayoría de las veces, no son conscientes del estrés que se están poniendo de forma totalmente gratuita. Poner la responsabilidad fuera de nosotros significa ceder el control de aquello que nos pasa a otro ente o persona. Eso genera sensación de impotencia puesto que no podemos cambiar a los demás, ya les gustaría a muchos poder cambiar a los demás, pero no es así. Cuando cuentan la historia de forma que no tienen nada que ver con el problema, en realidad están diciendo que tampoco tienen  nada que ver con la solución.
Esta forma de vivir tiene un inconveniente y es que si decides que no tienes posibilidad de alterar tu vida, porque las cosas que te pasan son decisión de otro, dependerás de otro para ser feliz; si el mundo te trata bien serás feliz, si el mundo te trata mal serás infeliz, como si tu no pudieras hacer nada para influir en cómo te trata el mundo.
Tu decides, la responsabilidad genera un tipo de estrés, la inocencia genera otro diferente, pero estrés al fin y al cabo.

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23 de febrero de 2022

Un paso más

“La gente siempre está culpando a sus circunstancias por lo que son. Yo no creo en las circunstancias. Las personas que se adueñan de este mundo son quienes se levantan y visionan las circunstancias que desean y, si no logran encontrarlas, las construyen” George Bernard Shaw
Cuando aceptas que en la vida la responsabilidad de avanzar cada metro, cada centímetro depende de ti, algo cambia, te sientes dueño y señor de tu destino.
Conozco mucha gente que ante la idea de vivir una vida extraordinaria se asusta, y rechazan la idea simplemente por el esfuerzo que supone el alcanzar esa meta.
Pero realmente, ¿Cuánto esfuerzo supone el hacerlo?
Tan sólo el necesario para dar un paso más cada vez, para avanzar ese metro, ese centímetro que tienes delante tuya, ya lo decía Al Pacino en la película de “Un domingo cualquiera”: -La vida es cuestión de pulgadas, y si sumamos esas pulgadas, eso es lo que acaba por marcar la puta diferencia.
Metro a metro se corren maratones, se elevan los más grandes monumentos y se realizan los más grandes viajes…no hace falta preocuparse de cómo avanzar diez metros, sino de cómo avanzar tan solo un metro más, de cómo dar el siguiente paso… si no eres capaz de dar un paso más, de nada te sirve plantearte la distancia que te separa de tu meta. Una vez que consigas darlo, ya te verás que hay que hacer para dar el siguiente.
Todo el mundo quiere ser feliz en la vida, todos queremos vivir una vida perfecta, pero a nadie le gusta trabajar duro o esforzarse al máximo para conseguirlo… si te pasa esto, no te preocupes, es una aspiración perfectamente respetable y normal, a nadie le gusta luchar por la vida.
La vida es dura. Tu negocio no funciona como esperabas, tu relación de pareja no es todo lo perfecta que habías imaginado, te despiden de tu trabajo… esto no significa necesariamente que no merezcas que funcione, que no estuvieses enamorado de tu pareja o que fueses un mal empleado, simplemente son hechos que ocurren, punto.
La vida no es justa, al revés que en las películas, a veces ganan “los malos” y “los héroes” pierden, no siempre los amores son correspondidos, o llegas a ser guapo, rico y famoso por mucho que te esfuerces.
La vida por lo general no es fácil, asúmelo.
Sin embargo ahí reside una de las grandezas de la vida. Una vez aceptas que la vida no es fácil, deja de ser difícil, dura e injusta, te das cuenta que la vida es como es, que son “las reglas del juego” y que hay que jugar de acuerdo con ellas.
A pesar de todo, la vida es maravillosa… y ello es debido a que siempre en algún momento, en algún lugar todos tenemos nuestra oportunidad.
Cada día cada mañana se te ofrece la oportunidad de elegir… puedes “seguir como siempre” o puedes esforzarte en “hacerlo mejor”, eso ya no depende de los demás o de que la vida sea dura o difícil, es una decisión personal que empieza y termina en cada uno de nosotros.
Cuando caes, cuando tropiezas, se te ofrece la oportunidad de elegir… hay gente que decide quedarse en el suelo hurgando sus heridas, impidiendo que estas cicatricen, mientras que otros deciden luchar… saben que el dolor pasa, que las heridas se curan, que el suelo no es su sitio, que no han nacido para estar ahí y deciden escoger la opción de levantarse.
Saben perfectamente donde quieren llegar y están dispuestos a hacer todo lo que esté en su mano para alcanzar su destino. Ese tipo de personas son las que marcan la diferencia.
A veces las opciones que se plantean no son las que llevan por el camino fácil, las cómodas o las que más nos gustaría tomar, de hecho tampoco pretendo decir eso… tan sólo estoy diciendo que siempre existe una opción y que cueste lo que cueste, podemos elegir tomarla.
Cuando asumes que eres responsable de tu vida y que siempre hay una opción, te darás cuenta de que la vida es dura ya no es una justificación. La vida seguirá siendo difícil, pero cuando, caigas, cuando pienses en tirar la toalla, recuerda que en tu vida, tú tienes la última palabra… “puedo hacerlo”, “voy a levantarme”, voy a esforzarme por dar tan solo un paso más.


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16 de noviembre de 2021

Responsabilidad Personal


De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española de la lengua la responsabilidad es “la capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente”.

El ejercicio de la responsabilidad individual depende de cada uno. En principio, en un contexto de libertad, y desde la perspectiva de una persona sana, es decir, libre de trastornos psicológicos graves,  todos podemos elegir libremente qué hacer con nuestra vida, hacia dónde dirigirnos, con quienes queremos estar, qué queremos ser. Podemos incluso decidir no tomar ninguna decisión acerca de nuestra vida.

La consecución de nuestros objetivos y de nuestras metas depende de muy diversos factores, pero el principal de todos ellos es ser conscientes de la responsabilidad que tenemos sobre nuestras propias vidas, sobre nuestro bienestar y sobre nuestra felicidad personal.

Ser responsable supone decidir acerca de cuáles son las acciones más adecuadas para conseguir nuestros objetivos, significa ser proactivos, tomar la iniciativa. La responsabilidad conlleva tomar conciencia acerca del nivel de atención que prestamos a nuestro trabajo, a nuestras actividades y tareas cotidianas, así como a las relaciones que mantenemos con las personas que se encuentran en nuestro entorno, ya sea personal o profesional.

Ser responsables significa asumir las consecuencias de las decisiones que tomamos, por tanto, significa excluir de toda culpa a las circunstancias o personas que nos rodean. Expresiones como “ella/el me está volviendo loca/o”, “esta persona me saca de quicio”, “todo lo que me pasa es por su culpa”, “esta situación es injusta”, son expresiones que ponen de manifiesto nuestra falta de responsabilidad.



Ser responsables supone también decidir cómo jerarquizamos nuestro tiempo, como disponemos de nuestra energía, a quiénes le dedicamos ese tiempo y esa energía. Asimismo, ser responsable afecta a la calidad de nuestra comunicación con los demás. En el ejercicio de nuestra responsabilidad somos nosotros los que nos cercioramos de que las personas han entendido el mensaje que transmitimos, y de que también hemos entendido lo que otros pretenden comunicarnos, por tanto, somos responsables de la forma y de la claridad con que expresamos nuestras ideas e interpretamos las de los demás.

La responsabilidad supone aceptar de forma incondicional que nuestra felicidad depende sólo y exclusivamente de nosotros. Esto exige un alto grado de madurez personal. Significa que no vamos a hacer depender nuestra felicidad del hecho de que otros nos quieran o no, cumplan nuestros deseos o no, actúen de la forma que creemos más oportuna o no, o nos presten o no la atención que consideramos nos merecemos. Otra cosa es reconocer que las personas, con su comportamiento, pueden entristecernos, especialmente si éstas son parte importante en nuestras vidas, pero ¿hasta qué punto vamos a dejar que ese comportamiento siga afectándonos?.

Actuar de forma responsable lleva consigo el decidir y asumir los valores conforme a los cuales deseamos vivir. El hecho de que estos valores hayan sido adquiridos de forma pasiva e irreflexiva es algo contrario a la acción responsable. Los valores, es decir, los aspectos que realmente nos motivan, nos impulsan en nuestra vida, influyen decisivamente sobre nuestra forma de comportarnos y sobre nuestro sentido de integridad. Somos íntegros cuando lo que pensamos, lo que decimos y, sobre todo, lo que hacemos, resulta coherente con nuestros valores. Por ello, elegir cuáles son esos valores y alinear nuestro comportamiento con ellos entra dentro del ámbito de nuestra responsabilidad.

Mantener una alta autoestima, es decir, la valoración que tenemos de nosotros mismos, es también nuestra responsabilidad. Difícilmente podemos tener una alta autoestima si no somos responsables de nuestra vida y nuestra felicidad.

Ahora bien, es preciso matizar, y tener muy en cuenta, que no resulta oportuno ni aconsejable, hacernos responsables de sucesos que ocurren a nuestro alrededor y que se escapan a nuestro control, ya que entonces dejaríamos nuestra autoestima, y por tanto, nuestra felicidad a expensas de las actitudes y comportamientos de terceros, o a sucesos que, en la mayoría de las ocasiones, poco o nada tienen que ver con nuestras acciones directas. Por contra, estaríamos, asimismo, perjudicando gravemente nuestra autoestima si no fuéramos responsables de aquellos asuntos que están bajo nuestro control y dependen de nuestra voluntad.

Existe un concepto que se denomina “libertad interior”, y cuyo ejercicio responsable o no depende exclusivamente de nosotros. Esta “libertad interior” implica la forma en la que interpretamos las cosas que nos suceden, incluso de aquellos sucesos externos que escapan de nuestro control. Es cierto, que no podemos controlar absolutamente los resultados en sí de nuestras acciones, o los comportamientos y actitudes de los demás, pero sí decidir nuestra actitud y la interpretación que hacemos de esos resultados, de esos comportamientos y de esas actitudes. En este sentido, nuestra actitud y nuestra interpretación puede ser optimista o pesimista, desde una posición de “sentirse” víctima, dejándonos llevar por la frustración, o bien desde una posición de protagonistas de nuestras propias vidas, aprendiendo de errores y fracasos. Esto es una decisión que depende única y exclusivamente de nosotros, del ejercicio que hagamos de nuestra “libertad interior”.

Tal y como decía Victor Frankl, aún en las circunstancias más adversas nadie puede privarnos de esa libertad interior. Víctor Frankl es un psiquiatra de origen judío que durante muchos años vivió bajo el cautiverio de los nazis, encarcelado en un campo de exterminio. En su libro “El hombre en busca de sentido” exponía que sus carceleros, si bien podían torturarle, privarle de libertad, insultarle, o incluso quitarle su propia vida, nunca podían decidir sobre la interpretación que el mismo hiciera de esos hechos, en el ejercicio responsable de su libertad interior. Durante su cautiverio Víctor Fankl ayudó a muchísimas personas a salir adelante en condiciones infrahumanas, haciéndoles ver este aspecto tan importante, conjuntamente con la búsqueda de aquello que le daba sentido a sus vidas, aquello por lo que merecía la pena seguir viviendo. Víctor Frankl se ganó el respeto no sólo de sus compañeros de cautiverio, sino también de sus propios carceleros, y dio muestras de que, en último término, la felicidad depende de nosotros, es decir, de la responsabilidad que asumamos sobre nuestras propias vidas, sobre las consecuencias de nuestras decisiones, aún en las peores circunstancias.

Por tanto, por un lado, existen hechos y circunstancias externas a nosotros mismos que escapan totalmente de nuestro control, sobre los que difícilmente podemos actuar o incluso influir y que entran dentro de, lo que autores como Stephen Covey, denominan nuestro ámbito o “círculo de preocupación”. En estos casos, no resulta útil, ni aconsejable, responsabilizarnos de ellos hasta el punto de provocar en nosotros sentimientos de culpa,  enfado o frustración, que acaben repercutiendo en la valoración que tenemos de nosotros mismos y de nuestras capacidades como seres humanos y, por tanto, perjudicando seriamente nuestro bienestar y felicidad.

Por otro lado, existen otros hechos o circunstancias externas sobre los que pudiendo nosotros influir en mayor o menor medida, modificarlas, no dependen exclusivamente de nosotros, si bien nuestros pensamientos, decisiones, actitudes o comportamientos pueden hacer que éstas, como la erosión del agua de los ríos sobre su cauce, o la gota que de forma permanente e inexorable cae sobre la roca, pueden a medio y largo acabar provocando cambios muy significativos. Este segundo grupo de hechos o circunstancias estarían dentro del nuestro ámbito o “circulo de influencia”. En este ámbito, nuestra responsabilidad tiene más que ver con la forma en que nosotros interpretamos las cosas que suceden en nuestro entorno más cercano o con las consecuencias de nuestras decisiones, que con los resultados en sí de nuestras acciones o comportamientos o con las actitudes o comportamientos de los demás. En este sentido, esta interpretación será más optimista y constructiva en la medida que nuestra forma de pensar, hablar y actuar sea coherente con nuestro valores, y éstos a su vez estén alineados con principios universales e intemporales, como el compromiso, la honradez, el trabajo bien hecho o la dignidad del ser humano, etc., es decir, cuando nos comportamos con integridad.

Los aspectos internos o procesos psicológicos conscientes, siempre desde la perspectiva de una persona psicológicamente sana, y con matizaciones,  están bajo nuestro control.  Como parte de esos procesos, nuestra actitud ante los hechos o circunstancias externas, el cómo los interpretamos y la forma en que, por tanto, utilizamos nuestra libertad interior, indican el grado de responsabilidad y la madurez personal que cada uno nosotros poseemos. Es aquí donde se sugiere, con el conjunto de matizaciones que se quiera, que la responsabilidad personal sobre nuestra vida, sobre nuestro bienestar y sobre nuestra felicidad es plena, porque ¿de quién depende nuestra actitud?, ¿y nuestros pensamientos?. ¿Alguien nos obliga, aún en las peores circunstancias que podamos imaginar (recuérdese a Victor Frankl), a tener pensamientos del tipo: “La vida es un desastre. Nada tiene sentido y poco puedo hacer respecto a mi vida”, o bien del tipo “Qué día tan maravilloso ha  amanecido hoy. Cielo azul, buena temperatura, olor a azahar. Esto va muy bien”?.

Esta responsabilidad plena sobre nuestro bienestar y sobre nuestra felicidad tiene sus aspectos positivos y “negativos”. Al hacernos responsables plenos de nuestra vida ya no buscamos en las circunstancias, los hechos externos, los comportamientos o las actitudes de los demás justificaciones para nuestra tristeza o vacío interior, ya que no sería compatible con el propio concepto de responsabilidad personal, e implica tomar decisiones, ser proactivos, ser protagonistas de nuestras vidas y, por tanto, como aspecto “negativo” cierto grado de ansiedad ocasionado por la incertidumbre que genera el no saber cuál será el resultado de nuestras acciones. ¿Significa esto que ya no podemos o debemos sentirnos tristes? Claro que sí podemos. En ocasiones hay motivos objetivos para ello. No somos máquinas, tenemos sentimientos y emociones pero, ¿cómo gestionamos esas emociones?, ¿lo hacemos de forma responsable?.

¿Cuál es el aspecto positivo de una responsabilidad plena con nuestro bienestar y felicidad?. En cierta forma, al tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad plena sobre nuestro bienestar y nuestra felicidad, nos liberamos de muchas ataduras, tomamos el control, y las riendas de nuestra vida. Entonces nos volvemos proactivos, emprendemos acciones y tomamos conciencia y decisiones sobre nuestras vidas, sobre las cosas que pensamos, nuestras creencias, nuestros valores, nuestras interpretaciones, las cosas que realmente nos importan, etc. Lo que entonces sucede es que caemos en la cuenta que realmente podemos ir, poco a poco, con paciencia y perseverancia, haciendo de los fracasos y de los errores motivos de aprendizaje y de crecimiento personal, en lugar de motivos para la frustración, la tristeza, la desesperanza y la pérdida de confianza en nosotros mismos, algo por otro lado demoledor para nuestra autoestima y para nuestro bienestar y felicidad personal.

La toma de conciencia de la responsabilidad personal y plena sobre nuestro bienestar y nuestra felicidad, y sobre lo que ello implica de positivo,  es el inicio de un proceso de cambio personal maravilloso, que nos va llenando de energía, de fuerza, de ilusión, de esperanza, de acciones que tienen su origen en nuestros valores, nuestros deseos. Y de repente, con perseverancia, aceptación, amor y compasión, vamos comprobando como, lentamente, cambiamos actitudes, pautas de pensamiento, y comportamientos. Nos volvemos más flexibles, tolerantes, empáticos, asertivos, compasivos y afectivos. Nos aceptamos y aceptamos a los demás. Aprendemos de nuestros errores y de nuestros fracasos. Vivimos el presente, sin la tristeza del pasado, ni la ansiedad del futuro, sino plenamente concentrados en lo que hacemos en cada momento, con sentido de fluidez. Nos volvemos más creativos y, por tanto, expresamos nuestra inteligencia más genuina, de forma extraordinaria, que nos hace únicos, diferentes a todos los demás, porque, de hecho, lo somos. Aquella inteligencia que pone en valor nuestras capacidades y talentos. Somos entonces protagonistas de nuestra vida, ya que vivimos motivados, con integridad, y con un profundo respeto por los demás. Fijamos nuestras propias metas y objetivos, y las alternativas y acciones que, por muy pequeñas e insignificantes que éstas nos puedan resultar, nos acercan, lenta pero inexorablemente, a esos objetivos. Puede que llegue un punto en que busquemos trascender y dar un sentido a nuestra vida que va más allá de nosotros mismos. El resultado será que, casi sin darnos cuenta, iremos configurando nuestra propia realidad, nuestro “círculo de influencia” se hará cada vez más grande y, en ese lento, pero maravilloso proceso, iremos comprobando como las personas que nos rodean también inician su propio proceso de cambio personal, porque “yo también quiero”, dirán algunos, y éstos a su vez, en una espiral sin fin, con su comportamiento, su actitud y su ejemplo, influirán sobre otros.

Recordemos siempre, por tanto, que nadie, absolutamente nadie, puede privarnos de nuestra libertad interior para interpretar y pensar como queramos. Todo es cuestión de tomar conciencia, ejercer nuestra plena responsabilidad sobre este hecho y, lo más importante, querer cambiar y comprometerse con ese cambio.

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18 de agosto de 2020

Resignación: En tiempos de crisis unos lloran y otros venden pañuelos

"Hoy no voy a poder empezar... tengo un montón de excusas por hacer…"



La última vez que dijiste que "tenías un buen día", en realidad ¿Qué quisiste decir?

La mayoría de la gente hace tiempo que dejó atrás la idea de asumir la responsabilidad de asegurar que realmente tiene un buen día, ¡en lugar de esforzarse para conseguirlo!

Es tan fácil ser mediocre y caer en el conformismo...

¿Cuánta gente conoces que lleva una vida que no quiere? Y sin embargo ahí está, conformándose, viendo cómo pasan los días sin pena ni gloria, auto justificándose continuamente en lugar de hacer algo para cambiar.

Las personas tenemos una enorme capacidad para encontrar justificaciones, de hecho aunque hagamos algo con lo que no estamos conformes, encontraremos justificación, por lo general echando "balones fuera" y derivando responsabilidades a otros. "Estuve obligado a hacerlo, yo no quería, me dijo que...", suelen ser de las más habituales. No debemos de olvidar que, en último grado, tan solo nosotros somos los responsables de nuestras acciones, o de la omisión de las mismas.

Sin embargo, así como tenemos capacidad para justificarnos, también la tenemos para comprometernos con nosotros mismos, y eso es algo vital para cristalizar el proceso del cambio, compromiso, acompañado de una gran dosis de voluntad.

Si quieres comenzar a cambiar tu vida, empieza por asumir la parte de responsabilidad que te corresponde, tanto para lo bueno como para lo malo.

Últimamente quizás la mejor de las justificaciones que se puedan encontrar es la crisis...sin embargo no hay que olvidar que la crisis está ahí, para ti, para mí, para todos...y en medio de la crisis hay empresas y gente que están funcionando y encontrando trabajo.


La opción fácil es quedarse lloriqueando en una esquina, sin embargo ¿Que aporta eso? NADA. Está en tu mano el sobreponerte a la situación y coger el toro por los cuernos. 

No debemos olvidar que no podemos cambiar nuestras circunstancias, pero en todo momento podemos elegir como reaccionamos ante ellas.

Puedes llorar...o vender pañuelos.

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17 de febrero de 2020

Rendición de Cuentas

No es fácil aceptar la responsabilidad personal por nuestra conducta y por nuestros resultados. Por naturaleza humana la mayoría prefiere pasar la pelota, o sea culpar a los demás, culpar a la economía, culpar al gobierno, etc. Sin embargo cuando las cosas van mal en mi trabajo o en mi vida, siempre se puede encontrar al autor o coautor... en el espejo. Este "ajuste" en nuestra actitud puede sonar como una cosa pequeña, pero tiene tal impacto que puede hacer una gran diferencia en nuestras vidas.




En las organizaciones angloparlantes se acostumbre pedirle a sus gerentes tener “accountability”. En español no tenemos una palabra que exprese lo que eso significa, pero tenemos un concepto que lo refleja y se llama “Rendición de Cuentas”.


Una de las cosas más importantes que puede hacer un gerente en tiempos de cambio, es conseguir que los miembros de sus equipos entiendan cómo asumir la rendición de cuentas. Está probado que reconocer los problemas como áreas de oportunidad y crecimiento, no sólo le ayudará a la compañía, sino que le ayudará a cada uno de forma individual.

A través de una actitud de rendición de cuentas, las personas alcanzan más control sobre su destino, se convierten en contribuyentes activos en lugar de observadores pasivos, se gana reputación de ser un solucionador de problemas, se mejoran las oportunidades de carrera, se experimenta menos frustración e impotencia - todo lo cual lleva al éxito y conduce hacia una mejor salud física.

Tenemos la obligación de preguntarnos si el proceso de rendición de cuentas que tenemos en la organización es un sistema eficiente de retroalimentación, de evaluación del desempeño, y si nos facilita el conseguir resultados y valorar la competitividad. Por eso es esencial que todos los gerentes de la organización comprendan la importancia de establecer y practicar una eficaz rendición de cuentas.

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24 de octubre de 2019

¿Su Agenda siempre está llena?


Imagínese esta escena: está en su oficina 10:00 am de un día martes, en medio de una reunión de su equipo comercial, tiene apuro porqué a las 10:30 llega un proveedor nuevo a visitarlo, es muy posible que tenga que suspender el almuerzo con su hijo que estaba planificado después de la reunión con el contador  a las 12:30, la hora del almuerzo se convierte en la hora de revisar correos y llega hasta las 15:00 en la que su secretaria le informa qué tiene que revisar una serie de documentos que le han dejado sus asesores y es muy posible  tenga que quedarse hasta tarde porqué además tiene que revisar la nómina y solucionar un par de problemas entre dos de sus colaboradores que han estado llevándose muy mal últimamente.
Si se siente identificado con esta escena, pues bienvenido al club. Es común en los ejecutivos modernos tengan sus agendas a tope, no tienen tiempo para nada, todo el día están llenos de actividades; sin embargo en la era del conocimiento más no necesariamente significa mejor, y créanme que muchos ejecutivos con los que trabajamos no es que no tengan tiempo para nada, es que a veces el tiempo lo ocupan en actividades que bien podrían delegar o bien podrían dejar de hacerlas para concentrarse en lo que realmente aporta valor a su gestión. 
Le invitamos a realizar el siguiente cuestionario que le ayudará a conocer en que áreas debe trabajar:
¿Podrías describir tus actividades en la empresa?Describe la mayor cantidad de actividades que llevas a cabo en el día a día, es importante que seas muy sincero y hagas una lista de todo sin juzgar solo describiendo lo que haces
¿Cuáles son mis responsabilidades en la empresa?Cada uno de los miembros de la empresa tiene su rol determinado, debo definir con claridad cual es mi rol, es decir cual es mi papel en esta organización, qué se supone que debo lograr con mi trabajo.
¿Cuáles de las actividades que realizas día a día no son mis responsabilidades?De las actividades que realizar en el día a día no todas son tu responsabilidad, y no todas son importantes para el logro de los resultados.

¿Cuáles podría delegar, cuales debería dejar de hacer? 
Elige las que podrías delegar a tus colaboradores, a otros departamentos, o simplemente cuales deberías suprimir para lograr mayor eficiencia.

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13 de julio de 2018

¿Eres proactivo o reactivo? Parte II


VÍCTIMA O PROTAGONISTA

La persona reactiva cree que no tiene ningún tipo de influencia sobre las cosas que le suceden, que la vida no es justa y depende mucho de la suerte. 

La persona proactiva es consciente de que tiene el poder de contribuir a obtener los resultados que quiere. Sabe que la suerte, entendida como fortuna, no existe, sino que es el resultado de trabajar para prepararse y estar atento a las oportunidades o, incluso, crearlas. Cuanto más trabaje para conseguir lo que quiere, menos dependerán sus resultados del azar.

La persona reactiva se siente una víctima de las circunstancias. Envidia a los que tienen más suerte que ella y critica lo que los demás hacen mal, pero no hace nada para cambiar su situación. 

La persona proactiva, en cambio, se sabe protagonista de su propia vida y es consciente de que sus éxitos dependen en gran medida de sí misma. Sabe que tiene diferentes opciones y que puede elegir. En el ejemplo del día de lluvia puede decidir quedarse en casa, salir sin paraguas y mojarse, coger el paraguas y no abrirlo o abrirlo sólo si llueve fuerte.

EXCUSAS

La persona reactiva busca excusas para no actuar como: "no tengo tiempo", "esto es para los ricos", "soy demasiado mayor", "soy demasiado joven", "si nadie lo ha hecho hasta ahora, por algo debe de ser ","no es buen momento". 

La persona proactiva busca oportunidades para actuar. En lugar de preguntarse si podrá hacerlo o no, se pregunta "¿cómo puedo hacerlo?". Da por supuesto que tiene que haber alguna manera, sólo hay que encontrarla.

Viendo estas dos formas tan diferentes de encarar la vida, ¿Quién te parece que conseguirá con más facilidad sus propósitos? ¿En qué ámbito de tu vida puedes tomar responsabilidad y ser más proactivo?


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12 de julio de 2018

¿Eres proactivo o reactivo? Parte I


Dicen que en este mundo hay dos tipos de personas, las que hacen que las cosas pasen y las que esperan que las cosas pasen. Los proactivos son los primeros. La proactividad es la combinación de tener iniciativa y responsabilidad personal.

Por un lado, la iniciativa de querer que pasen cosas y hacer que pasen, en lugar de hacer sólo lo que me piden. La responsabilidad personal es el hecho de hacerse responsable de los resultados que se obtienen en la vida. Para cada uno de nosotros la realidad no es lo que nos pasa sino cómo lo interpretamos. 

Las personas proactivas interpretan un mismo hecho de manera diferente a las personas reactivas. En un día de lluvia, una persona reactiva dirá que se moja porque llueve y una persona proactiva dirá que se moja porque se ha olvidado el paraguas. Ambas personas tienen razón, ninguna de ellas miente. Simplemente cambia su foco de atención. 

El foco de la persona reactiva está afuera, mientras que el de la persona proactiva está en su interior. Del mismo modo, una persona reactiva dirá que le han suspendido un examen y una proactiva dirá que ella ha suspendido el examen. 

La persona proactiva toma responsabilidad sobre el resultado que ha obtenido y ve que podría hacer algo para cambiar este resultado. 

RESPONSABILIDAD NO ES CULPABILIDAD 

Atención: hacerse responsable no significa ser culpable. Quiere decir que yo puedo hacer algo o podría haber hecho algo para que las cosas fueran de otra manera, no que sea culpable de lo ocurrido. En un accidente de coche quizás el culpable es el otro conductor, pero yo podría haber evitado la colisión si hubiera dejado más distancia de seguridad o si no hubiera estado distraído sintonizando la radio.

La persona reactiva busca culpables de lo que le pasa: el gobierno, la familia, los bancos, los profesores,... Se centra en las causas de los problemas, quién hizo qué y desde cuándo y por qué no hizo algo cuando podía. Cuando ha resuelto todas estas cuestiones se queda tranquila porque ya ha quedado claro que ella no tiene la culpa y que los demás lo hacen todo muy mal. Pero el problema sigue ahí. No se ha solucionado. 

La persona proactiva, en cambio, se centra en solucionar el problema. Acepta que la situación actual es la que es, toma responsabilidad sobre aquella parte donde puede hacer algo y actúa.


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4 de septiembre de 2017

Un paso más

“La gente siempre está culpando a sus circunstancias por lo que son. Yo no creo en las circunstancias. Las personas que se adueñan de este mundo son quienes se levantan y visionan las circunstancias que desean y, si no logran encontrarlas, las construyen” George Bernard Shaw

Cuando aceptas que en la vida la responsabilidad de avanzar cada metro, cada centímetro depende de ti, algo cambia, te sientes dueño y señor de tu destino.

Conozco mucha gente que ante la idea de vivir una vida extraordinaria se asusta, y rechazan la idea simplemente por el esfuerzo que supone el alcanzar esa meta.

Pero realmente, ¿Cuánto esfuerzo supone el hacerlo?

Tan sólo el necesario para dar un paso más cada vez, para avanzar ese metro, ese centímetro que tienes delante tuya, ya lo decía Al Pacino en la película de 'Un domingo cualquiera': "La vida es cuestión de pulgadas, y si sumamos esas pulgadas, eso es lo que acaba por marcar la puta diferencia."

Metro a metro se corren maratones, se elevan los más grandes monumentos y se realizan los más grandes viajes…no hace falta preocuparse de cómo avanzar diez metros, sino de cómo avanzar tan solo un metro más, de cómo dar el siguiente paso… si no eres capaz de dar un paso más, de nada te sirve plantearte la distancia que te separa de tu meta. Una vez que consigas darlo, ya te verás que hay que hacer para dar el siguiente.

Todo el mundo quiere ser feliz en la vida, todos queremos vivir una vida perfecta, pero a nadie le gusta trabajar duro o esforzarse al máximo para conseguirlo… si te pasa esto, no te preocupes, es una aspiración perfectamente respetable y normal, a nadie le gusta luchar por la vida.

La vida es dura. Tu negocio no funciona como esperabas, tu relación de pareja no es todo lo perfecta que habías imaginado, te despiden de tu trabajo… esto no significa necesariamente que no merezcas que funcione, que no estuvieses enamorado de tu pareja o que fueses un mal empleado, simplemente son hechos que ocurren, punto.

La vida no es justa, al revés que en las películas, a veces ganan “los malos” y “los héroes” pierden, no siempre los amores son correspondidos, o llegas a ser guapo, rico y famoso por mucho que te esfuerces.

La vida por lo general no es fácil, asúmelo.

Sin embargo ahí reside una de las grandezas de la vida. Una vez aceptas que la vida no es fácil, deja de ser difícil, dura e injusta, te das cuenta que la vida es como es, que son “las reglas del juego” y que hay que jugar de acuerdo con ellas.

A pesar de todo, la vida es maravillosa… y ello es debido a que siempre en algún momento, en algún lugar todos tenemos nuestra oportunidad.

Cada día cada mañana se te ofrece la oportunidad de elegir… puedes “seguir como siempre” o puedes esforzarte en “hacerlo mejor”, eso ya no depende de los demás o de que la vida sea dura o difícil, es una decisión personal que empieza y termina en cada uno de nosotros.

Cuando caes, cuando tropiezas, se te ofrece la oportunidad de elegir… hay gente que decide quedarse en el suelo hurgando sus heridas, impidiendo que estas cicatricen, mientras que otros deciden luchar… saben que el dolor pasa, que las heridas se curan, que el suelo no es su sitio, que no han nacido para estar ahí y deciden escoger la opción de levantarse.

Saben perfectamente donde quieren llegar y están dispuestos a hacer todo lo que esté en su mano para alcanzar su destino. Ese tipo de personas son las que marcan la diferencia.

A veces las opciones que se plantean no son las que llevan por el camino fácil, las cómodas o las que más nos gustaría tomar, de hecho tampoco pretendo decir eso… tan sólo estoy diciendo que siempre existe una opción y que cueste lo que cueste, podemos elegir tomarla.

Cuando asumes que eres responsable de tu vida y que siempre hay una opción, te darás cuenta de que la vida es dura ya no es una justificación. La vida seguirá siendo difícil, pero cuando, caigas, cuando pienses en tirar la toalla, recuerda que en tu vida, tú tienes la última palabra… “puedo hacerlo”, “voy a levantarme”, voy a esforzarme por dar tan solo un paso más.

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