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26 de julio de 2022

'Cuando me amé de verdad'

Charles Chaplin es uno de los grandes genios del cine, un mito fundamental de la cultura del siglo XX, en cuya filmografía abundan las obras maestras, auténticas joyas llenas de imaginación y brillantez, que le han hecho ocupar uno de los lugares privilegiados de la historia del cine.

"La vida no es significado; la vida es deseo."
Charles Chaplin

Merece la pena utilizar las sabias palabras de  Charles Chaplin para dibujar la esencia de conceptos como Autoestima, Autenticidad, Madurez, Respeto, Amor propio, Simplicidad, Humildad y Plenitud.

Conceptos que centran el sentido de la vida en uno mismo, en la capacidad de reconocerse, respetarse y aceptarse.

Porque Chaplin con su reflexión nos invita a tomar conciencia de que TODO parte de uno mismo, y que para abrirse al mundo primero debemos abrirnos a nosotros mismos:

CUANDO ME AMÉ DE VERDAD:

Cuando me amé de verdad comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta, y en el momento exacto, y entonces, pude relajarme.
Hoy sé que eso tiene un nombre… Autoestima

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia, y mi sufrimiento emocional, no es sino una señal de que voy contra mis propias verdades.
Hoy sé que eso es… Autenticidad

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a aceptar todo lo que acontece, y que contribuye a mi crecimiento.
Hoy eso se llama… Madurez

Cuando me amé de verdad, comencé a percibir que es ofensivo tratar de forzar alguna situación, o persona, sólo para realizar aquello que deseo, aun sabiendo que no es el momento, o la persona no está preparada, inclusive yo mismo.
Hoy sé que el nombre de eso es… Respeto

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas, situaciones y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. De inicio mi razón llamó a esa actitud egoísmo.
Hoy se llama… Amor Propio

Cuando me amé de verdad, dejé de temer al tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero, y a mi propio ritmo.
Hoy sé que eso es… Simplicidad y Sencillez

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón, y así erré menos veces.
Hoy descubrí que eso es… Humildad

Cuando me amé de verdad, desistí de quedarme reviviendo el pasado, y preocupándome por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece.
Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… Plenitud

Cuando me amé de verdad, percibí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando la coloco al servicio de mi corazón, ella tiene un gran y valioso aliado.
Todo eso es… Saber Vivir

No debemos tener miedo de cuestionarnos, de hecho hasta los planetas chocan, y del caos suelen nacer la mayoría de las estrellas.

Charles Chaplin

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26 de noviembre de 2021

Autoestima a discreción


Es un lugar común que una parte importante en la que reposa una vida exitosa, es gozar de una sólida autoestima. “Autoestima” es sin duda uno de los conceptos que más utilizamos a nuestro antojo, a discreción, y muy a menudo confundiéndolo con aspectos relacionados con el orgullo, la vanidad o la soberbia. Sin embargo, entre aquella y éstos, hay fundadas diferencias, que tienen que ver con otros dos conceptos algo menos conocidos: autoconcepto y autoimagen.

En un taller de conocimiento personal, la semana pasada, una mujer de treinta y dos años, comentaba que ella no tenía autoestima porque de sus cuatro hermanos, ella era la única que no tenía un piso en propiedad, ni había fundado una familia. Su gran error era concebir la autoestima como producto de la autoimagen, es decir, de cómo ella cree ser percibida por los otros, en definitiva: de una comparación con “modelos idealizados” que laten en su mente. Si nos dejamos llevar por su “victimismo”, podemos caer en la, poco favorable para ella, tentación de consolarla, e intentar reconfortarla, si bien, una intervención más acertada nos llevaría a cambiar el orden en el que ella establece el binomio causa-efecto. En este sentido, es más acertado pensar que uno no tiene lo que desea, porque no goza de una buena autoestima, a pensar que uno no tiene una buena autoestima, debido a que no tiene lo que desea. No debe de ser por otra cosa que el psicoterapeuta canadiense, Dr. Nathaniel Branden la define como la confianza en nuestro derecho a triunfar y ser felices.

A menudo, autoestima y humildad, para numerosas personas son valores difíciles de conciliar, ya que, en sus cabezas, existe la arraigada creencia de que humildad es simplemente, tener una mala opinión de los talentos personales, de la propia valía, de las características personales que cada cual tiene. Esta falsa concepción de humildad, que echa sus raíces en nuestros condicionamientos culturales, es uno de los grandes torpedos a la línea de flotación de una buena autoestima.

Más allá de la comparación, y de la autoimagen, la autoestima será una aliada apropiada para conseguir cubrir nuestras necesidades, si es producto del autoconcepto, es decir, del conocimiento personal y de la gestión que hacemos de nuestras emociones. Por lo tanto, hablar de autoestima, obliga a una evaluación continua de uno mismo, e implica tener un diáfano convencimiento de lo que se puede y no se puede hacer. Todo ello se traduce en un aumento de nuestras capacidades: de afrontar desafíos, de desarrollarnos en libertad y con una esencial mejora de nuestras relaciones con los demás.

Una autoestima deteriorada puede convertir las relaciones con los demás, simple y llanamente, en imposibles. En una relación educativa, en la familia o en el trabajo, una baja autoestima puede traducirse en un fuerte autoritarismo (con castigos indiscriminados), un permisivismo irracional, una insuficiente atención, importantes faltas de afecto, o en un clima lleno de falsas expectativas. En una relación de pareja, se puede traducir en una desgastante monotonía, que termine en una sensación de “soledad acompañada”, llena de continúa rivalidad y con poca satisfacción afectiva.

Por el contrario, las personas con una fuerte autoestima afianzada en un saneado autoconcepto, se relacionan de modo positivo y constructivo, no caben los celos, ni las envidias (más propias de la comparación y de la autoimagen), por lo que, no se sabotea el trabajo ni los logros de los demás. No son amigos de enredos, críticas o chismes para desprestigiar a los demás. Saben pedir y aceptar generosamente el apoyo de los demás. Finalmente, tener una autoestima saneada implica buscar y saber encontrar, siempre dentro de los límites de mi persona, las razones y las causas de mis desencuentros, de mis desamores y de mis enfados

La autoestima bien instituida se cimienta sobre la certeza de que dentro de cada persona hay una idiosincrasia que nos hace únicos, una gran riqueza interior que nos permite construirnos como personas valiosas. Y es justo esto lo que a menudo se ignora, porque se antepone la valoración que los demás hacen de nosotros, sobre el esfuerzo de conocer nuestra esencia peculiar, auténtica base de una autoestima equilibrada. 


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28 de diciembre de 2018

Humildad


"Todo hombre que conozco es superior a mí en algún sentido. Y en este sentido, aprendo de él". (Ralph Waldo Emerson)
Según Wikipedia, el término deriva del latín humilis, que se traduce no solamente como humildad sino también como bajo o de la tierra.

Desde mi punto de vista, me atrevería a afirmar que hoy en día la humildad está sobrevalorada, la mayoría de la gente acepta con orgullo el calificativo de humilde, pero... ¿Qué ocurre si este calificativo lo aplican a su estilo de vida, su trabajo, etc.?

Mira a Fulanito, tiene una vida muy humilde, un trabajo humilde, viste de forma humilde... No es precisamente agradable ¿Verdad?

¿Qué les parecería probar a cambiar humildad por autoconocimiento?

Hasta donde yo sé, socialmente no está bien visto el que una persona reconozca su valía públicamente.

En el momento en el que alguien reconoce que "es muy bueno" o incluso "el mejor" en algo, no es raro que surjan calificativos como, prepotente, egocéntrico y demás perlas similares, pero... ¿Qué ocurre cuando puede hacerlo? ¿Cuándo realmente es muy bueno?

Cuanto nos cuesta reconocerlo... ¿Has probado alguna vez a decir: "Sí, eres realmente bueno en ese área"? o "Sí, reconozco que eres mejor que yo en ese aspecto en concreto".

No es fácil ¿No te parece?, especialmente con la segunda frase. ¿Qué te parecería completarlo con un -¿Podrías enseñarme??

Sinceramente, te animo a hacerlo, haz saber a las demás personas lo buenas que son, según tu punto de vista, en determinados aspectos de su vida, verás cómo la relación que tienes con ellos cambia de manera asombrosa.

Por otra parte, te invito a que te autoexamines, y reconozcas esas áreas de tu vida en las que realmente eres extraordinariamente bueno, haz una lista y compártelas con la gente que te rodea.

No tienen que ser áreas especialmente relevantes, quizás se te dé muy bien hacer castillos de cartas, por ejemplo. Tan solo importa que seas realmente bueno haciéndolas, verás cómo aparecen más de las que esperas.

Hay algo que debes de tener en cuenta, debes de ser cuidadoso, ya que no hay más necio que el que presume de cualidades o de atributos que no tiene.

Todo el mundo, absolutamente todo el mundo es excelente en algún aspecto de su vida, y no hay nada de malo en reconocerlo, eso sí, reconoce también en que aspectos eres menos bueno, y si te vanaglorias de tus capacidades, se capaz de asumir tus áreas de mejora.

No te enfades si alguien te dice que no eres bueno en algo, tan solo dale las gracias, y dile que vas a esforzarte en corregirlo, incluso me atrevería a animarte a que le pidieses que te dijese que más cosas observa que según el podrías mejorar.

Tampoco te empeñes en corregir todo lo que te digan, solo toma aquello que tú crees que puede ayudarte, si no eres bueno haciendo malabares, ¿Va a ayudarte en algo el mejorarlo?

Aprende a encajar las críticas, pues tan sólo disfrazan oportunidades de crecimiento.

Ahora, sal ahí fuera y demuestra al mundo que eres realmente grande.

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