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27 de abril de 2022

El valor del tiempo



Nuestro entorno nunca estuvo tan acelerado como ahora. La entrada de nuevas empresas en la última década lleva las organizaciones a ser más competitivas y por ello a aumentar la productividad de los trabajadores. La capacidad de reacción es hoy un factor diferencial y de éxito para las organizaciones.

Para poder adaptarse a ello, los trabajadores deben tener claro el sentido de urgencia de tratar los retos de negocio en tiempo cierto. Ello significa muchas veces tener que realizar horas extras y mucho más a menudo que uno lo quisiera. ¿Cuántas veces hemos escuchado expresiones como “me faltan horas”, “no tengo tiempo”?

El tiempo es inflexible y tiene el valor de la transformación que uno produce en ese espacio. Es entonces primordial saber controlarlo y no dejarse llevar por él. La gestión del tiempo es una de las disciplinas que no debería de faltar en las aulas de las universidades, sin embargo es probablemente la que carecen muchos profesionales.

Maximiza tu tiempo:

  • Planificación: Establezca a principio de semana las prioridades y diferencia lo urgente de lo importante para saber actuar de manera ordenada. 
  • Programación: Realice un programa de actividades con objetivos claros para plasmarlo en su agenda. 
  • Pendientes: Establezca al fin del día los temas pendientes que tenga, esto reducirá su nivel de estrés y le permitirá tener un mejor descanso. 
  • Concentración: evite interrupciones, establezca disciplina con sus colaboradores para no ser interrumpido durante sus tareas. 
  • Controle su avance: Establezca lapsos de tiempo, por ejemplo para preparar una presentación: 15min para establecer el agenda, 1h para desarrollar el contenido, 30min de revisión y 15min para el diseño. 
  • Recarga de energías: Duerma las horas requeridas, maximizar el tiempo es ante todo tener energía para actuar más rápidamente. 

Fijase tiempo para usted mismo, goza de su familia y busque un equilibrio vida laboral y familiar. 

MPC Coaching

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24 de febrero de 2022

Un día de estos, no es ninguno de estos días


“Por mucho que lo intento, me resulta imposible poder gestionar mi tiempo. Algo debo de hacer mal. Planifico, y no me sirve de nada. Siempre acabo haciendo lo que era para ayer, siempre acabo llegando tarde a todos los lados. Me falta tiempo.” Era lo que comentaba desesperada, el otro día en una reunión, una directora de departamento. La veía rendida, y el tiempo no le rendía.


Decía Peter Drucker, gran pensador del mundo de la empresa, que “el tiempo es el recurso más importante; quién no lo sabe administrar, no sabe administrar absolutamente nada”.

Dicen que está comprobado que perdemos más de tres horas al día en el trabajo, a causa de rutinas inadecuadas, que repercuten directamente no solo en la calidad del trabajo, sino en la calidad de las vidas de los trabajadores, que se ven sometidos a agobios y prisas para terminar la labor.

Quizá el primer error que cometen estas personas es pensar que la eficacia es una cuestión de reloj, siendo más bien que se trata de una cuestión de brújula. A menudo no saber bien adónde ir se convierte en la dificultad más grande para ser efectivo. Cuando un trabajador tiene perfectamente fijadas sus metas, es muy difícil que pierda el tiempo, pues perder el tiempo, es hacer cosas menos importantes que las que podrías hacer para llegar a ver cumplido el objetivo.

Como si fuera una mandato inquebrantable, muchos trabajadores actúan bajo la consigna “si lo quieres pronto y bien hecho, hazlo tú mismo”, y así se cargan con cantidad de trabajo que podían y deberían hacer otros. Se equipara delegar a abdicar, siendo que delegar es invertir a medio plazo.

Luego: la dispersión. Saltar de tarea en tarea, como si no se fuera consciente de que uno sólo puede ocuparse eficazmente de una cosa. Y así, buscando la actividad por la actividad, se cambia de una tarea a otra, sin reparar en que esta actitud, encarece las dos, y no sólo eso, sino que las retrasa. Y aviso a navegantes: no cuenta lo que trabajas, sino lo que terminas.

La dispersión puede tener que ver con la procrastinación, es decir con el hecho de dejar de atender algo que me supone incomodidad (aunque se que tarde o temprano lo tengo que hacer), y sustituirlo por algo que me da placer. Algo parecido a cuando a un niño se le dice que haga los deberes, y contesta que le dejes ver un poco más la tele. Así, algunos trabajadores, aplazan la realización de determinados asuntos pues implica molestia. A sabiendas de que lo tendrán que hacer.

El no fijar el momento en el que se han de hacer las cosas, favorece que permanezcan sin hacer. “Lo haré un día de estos” es prácticamente dejarlo sin hacer, ya que como dice un refrán inglés: “un día de estos, no es ninguno de estos días”

La procrastinación afecta a diversos perfiles, desde directivos que aplazan reuniones porque las prevén conflictivas o desagradables, a estudiantes que se ponen a estudiar la noche de antes del examen, trabajadores que apilan expedientes o informes antipáticos o costosos… En fin: una plaga de gente que va diciendo frases del tipo: "hay tiempo más que de sobra!, no es necesario empezar a hacerlo ya!", y cuando llega el plazo de entrega, piden una dilatada prórroga, y entonces dicen: “Solo trabajo bien bajo presión…”. Claro, es que si no, no trabajan. Siempre parecen estar esperando el momento justo.

En ocasiones se culpa al trabajo de la falta de tiempo para realizar nuestros objetivos, y así puede ser habitual ver a un gerente decir que trabaja tanto (todo es urgente), que no le queda tiempo para hablar con los trabajadores o con los clientes (aunque reconoce que es importante), y quizá en aras de realizar un buen trabajo, debería revisar sus prioridades, ya que lo importante le conduce a los objetivos, y lo urgente al estrés.


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2 de enero de 2018

Claves para (ahora sí) cumplir tus propósitos de año nuevo


¿Recuerdas tus propósitos de 2017?, ¿cuántos cumpliste? Si tu respuesta fue muchos, te felicito, pero si no, sigue estos consejos:

El año se acabó, empezó 2018 y llega el momento de hacer balance, ¿recuerdas tus propósitos del año pasado?, ¿cuántos cumpliste? 

Si tu respuesta fue muchos, te felicito, es hora de nuevos retos. Pero si no es así, puede que tus propósitos no estén alineados con tus finanzas, hábitos o gustos y es hora de ajustar, así que despabílate y sigue estos consejos para por fin cumplirlos:

1. Sé flexible
Debes saber que los propósitos no deben ser estáticos y no deben solo hacerse en un mes determinado. Nuestras metas deben ser puestas en el momento de darnos cuenta que las necesitamos o queremos y deben evolucionar junto con nosotros y nuestro entorno sin importar la época del año, es una mezcla de planeación e improvisación.

2. Alinea tus propósitos
Si tus propósitos no están alineados unos con otros es como tirar la misma cuerda en direcciones opuestas, simplemente no te moverás. Toma un papel y haz una lista de todos y cada uno de tus propósitos, luego revisa que estén alineados unos con otros y no se contrapongan.
Es decir que si quieres comprar una casa, viajar, pagar deudas, inscribirte al gimnasio y además dejar tu trabajo aburrido para emprender tu propia empresa es muy probable que no te alcance el dinero ni el tiempo y no hagas ni una ni otra o hagas todas mal, así que tienes que alinear tus propósitos y hacer planeación para llevar a cabo cada uno.

3. No te castigues
Cuántas veces te has sorprendido a ti mismo reprochándote lo que consideras malas decisiones, o peor aún, insultándote severamente. ¡Deja de hacerlo! Lo hecho, hecho está, la culpa no cambia el pasado y la ansiedad no abona bien el futuro. Aprende de los errores, agradece la lección y continúa tu camino, comprométete a mejorar.

4. Sigue tu instinto
Fija tus propias metas, no te pongas metas ajenas solo porque creas que son las correctas, sigue tu instinto y tu propio camino.

5. Descubre
Primero hay que descubrir la raíz del porque no estas cumpliendo tus propósitos, te sorprenderías de la cantidad de personas que responden “por falta de dinero”.
El dinero juega un papel central en nuestras vidas, por lo que nuestros hábitos financieros tienen un peso especial, ya que son estos los que nos conducirán al éxito, fracaso o retraso en la consecución de nuestros demás propósitos.
Recordemos que el dinero no es un fin, sino un medio, un medio para conseguir lo que queremos, así que es más que urgente que te eduques en el uso del dinero y los negocios, y si eres de los que piensan que el conocimiento es caro, no te imaginas el costo de la ignorancia, así que dale al conocimiento la importancia que merece.

6. Haz planeación financiera
Aterriza con objetivos concretos y hazte las siguientes preguntas: ¿Qué metas quiero alcanzar?, ¿cuántos recursos necesito?, ¿cómo lo puedo lograr? y ¿cuándo tiempo necesito para lograrlo?
A partir de las respuestas a estas preguntas, puedes tomar decisiones y emprender las acciones necesarias para alcanzar tus propósitos estableciendo metas de corto, mediano y largo plazo mediante la planeación financiera.

7. Diviértete
Procura que tus propósitos sean divertidos y excitantes, que te emocionen y te hagan saltar de la cama día tras día. Si haces propósitos aburridos nada te motivará a cumplirlos. Si no estás disfrutando el camino, algo estás haciendo mal.

8. Evoluciona
Los seres humanos somos criaturas de costumbres y solemos repetir comportamientos y maneras de hacer las cosas.

Lo bueno es que siempre se puede cambiar. Si quieres cambiar el fruto, debes sembrar otra semilla, no puedes esperar cumplir tus propósitos en los que antes fracasaste si continúas haciendo lo mismo.
Según especialistas crear un hábito “fácil” tarda en promedio 21 días y uno “difícil” alrededor de 66, así que ¡cambia!

Cuida de tu salud, haz ejercicio, lee diariamente, no descuides a tus seres queridos, se generoso, no te rindas y rodéate de gente también exitosa.

Sin más por el momento, que tengas un excelente cierre de año rodeado de tus seres queridos en alegría, paz y amor.


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