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21 de julio de 2022

Inteligencia Emocional y Coaching


Es sabido que el éxito personal requiere de nuestras habilidades y competencias personales, sociales y profesionales ya que éstas nos permiten desenvolvernos eficazmente y prever y afrontar los continuos cambios que se nos presentan día a día. No obstante, tendemos a relacionar la inteligencia con el coeficiente intelectual y con la capacidad de razonar únicamente, olvidándonos así de la Inteligencia Emocional.  Goleman, psicólogo y autor de Emotional Intelligence (1995), la define como “la capacidad de reconocer los sentimientos propios y los de los demás, para así manejar bien las emociones y tener relaciones más productivas con quienes nos rodean” y afirma que es la más decisiva en lo que al éxito de una persona se refiere.

Según el autor, la Inteligencia Emocional consiste básicamente en cinco habilidades clave, que están estrechamente relacionadas con la práctica del Coaching:
  • Conocimientos de las propias emociones
  • Control de las emociones
  • Automotivación
  • Reconocimiento de las emociones de los demás: empatía
  • Habilidades sociales
En el Coaching se desarrollan las capacidades presentes en la Inteligencia Emocional, por lo que es importante que todo aquel que quiera dirigir sus esfuerzos hacia la profesión del Coaching esté familiarizado y domine las habilidades de la Inteligencia Emocional, para así llevar a cabo una mejor práctica.

Si trasladamos lo dicho al entorno laboral, podemos afirmar que en gran parte la clave del éxito de una organización reside en contar con un equipo de trabajo con un alto nivel de inteligencia emocional, que trabaje de forma cohesionada y que muestre una actitud proactiva ante cualquier reto. Por ello, es cada vez más común que las organizaciones dirijan sus esfuerzos hacia el desarrollo del las capacidades y habilidades emocionales de su componente humano.

En este sentido, es importante que los integrantes de la empresa sean emocionalmente inteligentes y también que los responsables o directivos estén preparados para conducir a los equipos de trabajo a asumir los retos y a solucionar los problemas.

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8 de junio de 2022

¿Fuera o dentro de la caja?


Tener problemas no está mal. Lo importante es saber precisarlos y delimitarlos. 
La creatividad implica romper con patrones establecidos para mirar las cosas de otra forma, asegura Edward de Bono. Cuando el problema es un pantano, un sitio de difícil acceso y salida, «pensar fuera de la caja» es un camino aceptado y ciento por cien viable para obtener soluciones e ideas fruto de una mirada fresca. Ideas que consideren el vaso medio lleno del desafío. Pero, atención con difuminar y suponer que no existen los límites al momento de darle play al pensamiento creativo. Por contradictorio que parezca, tal libertad no será un aliado estratégico para nuestros fines. El hecho de «pensar fuera de la caja» para generar nuevas soluciones para abordar el problema, es un acto que está circunscripto a «pensar dentro de la caja».
¿Cómo se puede realmente «pensar fuera de la caja»?
«Pensar fuera de la caja» pero dentro de una caja mayor y flexible implica:
  • Redefinir
  • Rediseñar
  • Reinventar
  • Salir de contexto
  • Ir más allá
  • Estimular el pensamiento flexible
Mas aceptando que los límites son parte de la creatividad. Una concesión de reglas para romper las reglas.
Aprende las reglas como un profesional para poder romperlas como un artista, expresa Pablo Picasso. Y algo de eso hay, bastante diría. Conjeturar que la creatividad –«ser creativo» es una acción de «locos lindos» en el que todo vale es una escena improductiva. La creatividad –el pensamiento creativo–  prosperará cuando comprendamos que se trata de (re) definir, (re) interpretar y desafiar los marcos de referencia.
Aprende a ver los problemas, situaciones o contexto de manera más amplia. No ser negativo ni cerrado o despectivo de una posible solución a fondo antes de haber pensado bien. Como dice Eduardo Kastika: no se trata de «pensar fuera de la caja» sino de «pensar acerca de las cajas» que desafían a nuestra creatividad y nos desafían a nosotros mismos.
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2 de marzo de 2022

Aprende a dar la importancia adecuada para ti

La importancia a las cosas

se la damos nosotros


En ocasiones, la vida nos trae situaciones injustas, problemas, conflictos, decisiones difíciles…

Y es que vivir implica tener que pasar por el sufrimiento, el dolor, las injusticias… Esto es algo que tenemos que aprender a asumir y aceptar.

No tenemos control para cambiar todas las situaciones de nuestra vida que nos disgustan, ni para encontrar siempre la solución perfecta a los problemas; pero sí que tenemos control para modificar nuestra interpretación de las cosas y para otorgar una determinada importancia a los acontecimientos que nos suceden.

Es cierto que hay ciertos problemas objetivamente muy duros, difíciles de superar que nos pueden abatir y dejarnos en la más absoluta tristeza; otros, sin embargo, son más triviales, pero los magnificamos con nuestros pensamientos catastrofistas y dramáticos.

Pero por mucho que nos duela el problema, la vida continúa.

Por lo tanto, hay dos opciones: seguir atormentándose a sí mismo con pensamientos y comenzar a morir en vida o empezar a renacer de las cenizas como un ave fénix, modificando su mentalidad y aprendiendo a relativizar.

Con relativizar nos referimos a la toma de distancia emocional de la persona con respecto al problema, a mirar las cosas desde otro prisma, más racional, a otorgarle a las cosas la importancia que realmente tienen pero no más.

Dependerá de lo relevante que para nuestra persona sea lo que nos sucede. Y esto normalmente tiene mucha relación con nuestro ego y con nuestros miedos.

Hay padres que se estresan de forma extrema y se enfadan con el mundo porque su hijo no es capaz de aprobar un curso o no quiere estudiar. Detrás de esto está el miedo de que nuestro hijo, si no estudia, no consiga un trabajo de provecho y entonces la vida se le haga muy difícil.

¿Es esto realmente racional? ¿Estamos exagerando? ¿Todas las personas que no han estudiado hoy en día tienen una vida difícil o son unas desgraciadas? Hay que pensar sobre ello.

¿Cómo relativizar las cosas?

Hay varios trucos que pueden ayudarte a mirar las cosas con otros ojos y con perspectiva:

-Que el humor y la risa sean tus mejores amigos. Seguro que recuerdas alguna situación que te hizo entrar en cólera en su momento y con la que luego, una vez pasada, no parabas de reír por lo absurda que había sido.

Es importante ser una persona seria y responsable, pero también es muy importante reírse de uno mismo y de las situaciones que nos acontecen.

Cuando te ocurran situaciones desagradables pero que no van a ir más allá de una molestia momentánea, deja de irritarte e intenta reírte, piensa que eres parte de un chiste o de una escena de Forges.

El humor además, ayuda a solucionar los conflictos, nos vuelve más creativo en la búsqueda de soluciones y nos aleja de la ansiedad.

-Ejercita la autoconfianza. Si confías en ti mismo y estás seguro de lo que vales y lo que eres capaz de lograr, independientemente de las cosas que te ocurren, serás más hábil solucionando los problemas y tomando buenas decisiones, sin dejar que las emociones negativas o el malestar te controlen.

-Observa la inmensidad del Universo. Este ejercicio te puede ayudar muchísimo. Piensa en que el universo es infinito, y que nosotros, con nuestros problemas, solo somos una pequeña parte, muy pequeña, del total de la existencia.

A veces pensamos que somos el centro del universo cuando en realidad, con problemas o sin ellos, el mundo sigue girando y la vida sigue su curso.

-No pierdas el tiempo. Sabemos que algún día nuestra vida llegará a su fin. Todo lo que empieza, acaba y cuanto más perdamos el tiempo en preocuparnos por las cosas y en atormentarnos con los problemas de la vida diaria, menos nos permitiremos disfrutar de la vida.

Puede ser que llegue un día en el que te arrepientas y ya no haya vuelta atrás. El tiempo es lo más valioso que tenemos, pues es irrecuperable. Decide tú en qué merece más la pena emplearlo.

-Hay gente peor que tú. Desgraciadamente, en el mundo hay injusticias y problemas muy duros, más duros de lo que podemos imaginar. Existen los desastres naturales, la pobreza, el hambre, el asesinato, la prostitución infantil…

Piensa si le estás dando a tu problema realmente la importancia que merece o estás dramatizando demasiado.

Pensar en todo lo que ocurre en nuestro mundo te puede ayudar a comprobar que quizá lo que te pasa no es para tanto.

-Deja a un lado los miedos y supéralos. 

El miedo nos paraliza y muchas veces nuestros miedos son irracionales, ridículos o absurdos.

Hay gente que tiene miedo a equivocarse por tomar una decisión “¿Y si dejo este trabajo para estudiar y luego suspendo las oposiciones?”.

Pregúntate qué es lo más grave que podría pasar si lo peor que esperas sucediese ¿Podrías soportarlo?, ¿Sobrevivirías?, ¿Cómo podrías salir adelante? Seguro que tienes más recursos de los que te imaginas solo tienes que ser valiente y enfrentar tus miedos e inseguridades.

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24 de noviembre de 2021

No tirar la toalla: Autoeficacia

Cuando, ante determinadas circunstancias, la mayor parte de las personas se rinden, ¿qué hace que algunos pocos se recuperen, y trabajen incansablemente hasta alcanzar el objetivo deseado, es decir, el éxito?.

Relacionado con la seguridad de sentirse capaz de enfrentarse y superar los obstáculos para cumplir objetivos propuestos, el concepto de Autoeficacia, acuñado por Bandura en la década de los ´70, ha sido clave en el ámbito de la educación, está muy vigente en el sector de la salud y la gestión de problemas sociales crónicos, en el deporte, y tiene cada día más importancia en los programas de formación de líderes de las empresas.
En cualquier ámbito que tomemos de referencia, los seres humanos nos enfrentamos a un casi infinito número de desafíos, retos y problemas, y es vital comprender la manera en que nos adaptamos y conseguimos (si lo conseguimos) superar nuestros retos cotidianos. A este respecto, puede decirse que las creencias que tenemos las personas acerca de nosotras mismas, son claves para el control y la competencia personal frente a estos problemas, desafíos y decisiones. Un concepto que va más allá del de autoestima.
Autoeficacia y autoestima se diferencian claramente, ya que la primera es un juicio de capacidades específicas, en vez de un sentimiento general de valor propio, que  definiría más bien a la autoestima. "Es fácil tener autoestima, simplemente se pueden tener expectativas bajas", dice Bandura.
Son varios los ejemplos más comúnmente citados para referirse a esta capacidad de aprender de los errores y fracasos, y consolidarse resolviéndolos: Walt Disney, que no tuvo una infancia fácil, hubo de enfrentarse a mil y una dificultades, (bancarrotas, robos de derechos de clientes principales, incluso llegó a ser despedido de un periódico por “falta de imaginación”), hasta que finalmente viera su sueño cumplido, en 1928, de la mano de un ratoncito al que, por sugerencia de su esposa, bautizó como Mickey. De cada fracaso, dicen que decía que “florecía una lección”.
Harry Potter, el libro de J.K. Rowling, fue rechazado por, nada menos que, doce casas editoriales, antes de que una editorial pequeña aceptara publicarlo. Los Beattles fueron rechazados por Decca Records, argumentando que sonaban mal. El mismísimo Michael Jordan fue expulsado (por jugar mal) en secundaria de su equipo de baloncesto. Thomas Edison intentó mil veces hacer una bombilla, sin embargo él, le declaró a un periodista:"No fallé 1,000 veces, el bombillo fue una invención con 1,000 pasos". Una cosa es común a toda esta gente, y es que creen que un esfuerzo, persistente y tenaz, tarde o temprano, rendirá frutos.
El primer ejecutivo de General Electric, Jeffrey Immelt, al inicio de su carrera profesional, mientras experimentaba con productos químicos volátiles, tuvo un serio percance que acabó con el edificio en el que se albergaban los investigadores. En su biografía comentaba que “su confianza se derrumbó del mismo modo que lo hizo el edificio donde se hacían esas pruebas”. También afirma, que su director, lejos de sancionarle, le sugirió que dejara de lamentarse, e intentara aprender algo de ese lamentable incidente.  Hace no mucho, en una entrevista comentaba: “Cuando alguien comente errores, lo último que necesita es disciplina. El trabajo en este punto es rehacer la autoconfianza”. Los resultados profesionales de J. Immelt a la vista están.
Tanta determinación no es innata, e incluso, según asegura Robert Brooks, psicólogo de la Escuela de Medicina de Harvard, "cualquiera puede desarrollar una mentalidad resistente a cualquier edad", basta con entrenarse en dominar una tarea, tener como modelo a otros que hayan conseguido sus objetivos, o a través de la “persuasión verbal”, tal y como apuntó Bandura pionero de la teoría cognitiva de la autoeficacia.
Según dicha teoría, es muy importante la creencia en la propia eficacia, para que una persona se mantenga firme ante una situación adversa; por otro lado, se pone de manifiesto la fragilidad de dicha confianza, ya que según se ha probado, puede desvanecerse igual de rápidamente que se aprende.
En cualquier esfera de la vida, el concepto de Autoeficacia, adquiere especial relevancia, ya que según afirma el profesor Brooks "Uno de los grandes impedimentos en la vida, es el temor a la humillación", y en la empresa, no sólo es importante, sino que es clave, ya que es preciso transcenderlo en aras de una eficacia organizativa.

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12 de julio de 2021

La rana y el agua hirviendo


Si echamos una rana en una olla con agua hirviendo (a veces dicen agua muy caliente), esta salta inmediatamente hacia fuera y consigue escapar. En cambio si ponemos una olla con agua fría (a veces dicen temperatura ambiente) y echamos una rana esta se queda tan tranquila. Y si a continuación empezamos a calentar el agua poco a poco, la rana no reacciona sino que se va acomodando a la temperatura hasta que pierde el sentido y, finalmente, muere achicharrada.

Se trata de una conocidísima fábula para mostrar nuestra dificultad de adaptación a los cambios incrementales; aquellos que no son súbitos. Incluso, con frecuencia se dice que está basada en probados experimentos. Falso. Hasta hay dos autores, realmente solventes (a ambos los considero maestros), que la publican en dos de sus libros: Primero fue Peter Senge en La quinta disciplina y, algunos años más tarde, Manfred Kets de Vries la incluyó en Life and Death in the Executive Fast Lane.

La fábula está bien para transmitir un par de enseñanzas, al menos. 

Primero, nuestra capacidad para observar una situación problemática gana mucho si somos capaces de tomar distancia y observarla “desde fuera”. Y segundo, existen proceso lentos y graduales que amenazan nuestra supervivencia (o nuestra satisfacción, felicidad…) y que no somos capaces de identificar a tiempo.

¿Por qué ha sido así? ¿Por qué es tan popular esta fábula? Pues porque en el fondo se trata de una fantástica metáfora, sencilla y gráfica, de algo que realmente nos ocurre a los seres humanos, tanto como individuos como cuando nos juntamos en equipos y organizaciones: tendemos a acomodarnos en lo conocido, en la zona cómoda o de confort, y llegamos a negar incluso que permanecer ahí limita nuestras posibilidades, nuestra felicidad o realización o hasta nuestra supervivencia. Y digo más, creo que ello se produce tanto ante cambios incrementales del entorno o de nuestras circunstancias, como también en el caso de cambios súbitos. Los ejemplos pueden ser infinitos:

• Permanecemos en un empleo a pesar de que nos limiten nuestras responsabilidades, las posibilidades de aprendizaje, de promoción o la satisfacción personal. Personas que nunca aceptarían un empleo con esas características, se aferran a él cuando poco a poco, de modo progresivo, van entrando en una situación como la descrita.

 • Nos aferramos a nuestra pareja tras 20 años de convivencia, a pesar de que pesa 20 kilos más que cuando lo conocimos, padece alopecia, ya casi no le dirigimos la palabra más que para discutir y sus intereses e inquietudes se parece a los nuestros como un huevo a una castaña.

• Esa empresa, pequeña o grande (aquí el tamaño no importa), que ve cómo lentamente sus márgenes se van estrechando, que poco a poco va perdiendo clientes y capacidad de competir, y que sin embargo siguen tratando de hacer lo que siempre han hecho, lo que saben hacer, aunque eso ya no sea suficiente.

¿Por qué nos ocurre esto, realmente? 

Pues porque son muchas las personas que funcionan bajo el paradigma “Problema-Reactivo”. Lo utilizamos para protegernos del peligro y de las amenazas. Se trata de un paradigma que tiende a alejarnos de lo que no deseamos (problemas, obstáculos, amenazas…). Lo que queremos es volver “a la normalidad” lo antes posible, a que las cosas sean como antes del problema o amenaza. Es una cosmovisión guiada por el miedo, ya sea a que nos ocurra algo o a que nos deje de ocurrir, donde la ansiedad juega un papel central. Solemos tomar acciones (o no tomarlas) que lleven a reducir nuestro nivel de ansiedad, aunque estas acciones no resuelvan realmente el problema o no nos conduzcan al futuro que deseamos.

¿Cuál es la alternativa? 

Pues cuestionar ese paradigma, esa cosmovisión y adentrarse en un proceso difícil y largo, aunque también estimulante y motivador, de transformación personal  que te lleve a funcionar más bajo el paradigma “Resultado-Creativo”. En esta cosmovisión la energía para actuar no viene del miedo o de la reducción de la ansiedad, sino de la pasión, del deseo de querer conseguir algo que nos haga sentir bien. Desde ahí, con esa energía es posible conseguir resultados extraordinarios de modo sostenible. Este paradigma o cosmovisión es la base del crecimiento personal, del desarrollo del liderazgo y, en general, la base para conseguir vidas más plenas y satisfactorias, guiadas por un propósito y por una visión de lo que realmente anhelamos.

Si te vas acomodando y acostumbrando a los cambios que llegan sin reflexionar sobre ellos, puede que pierdas la visión de la realidad y termine afectando a tu calidad de vida. Busca siempre lo mejor para ser feliz y nunca pierdas la visión del lugar donde te encuentras.

Fuentes: Guia Infantil / Pablo Tovar  

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13 de abril de 2017

Coaching Personal: ¿Te quejas para desahogarte o es tu estilo de vida?


"Hay más problemólogos que solucionólogos." - Quino
Creo que es en su película Annie Hall donde Woody Allen contaba esta historia:

Hay un viejo chiste sobre dos ancianas que están en un hotel. Una dice ¡qué mala es la comida! y la otra contesta sí, ¡y las raciones son tan pequeñas!

Supongo que la verosimilitud de la cita se podrá cotejar en internet. Hay que tener cuidado con lo que se escribe en la red porque antes se descubre a un inexacto que a un ignorante. En muchas ocasiones las quejas no significan mucho, salvo que la vida no es perfecta, y no influyen prácticamente en nuestro comportamiento, en el día a día.

Así, casi todas las mañanas, cuando tengo que madrugar para ir al trabajo, suelo rezongar lastimosamente sobre mi incómodo destino de laboriosa hormiga pero, sin embargo, tras la ducha, y una vez montado en el tren de mis hábitos diarios, el lamento queda atrás, arrinconado y sin efecto. El problema no es la queja en sí, que no deja de ser un mera reacción verbal o emocional producto de un mal momento. Si me corto afeitándome, me duele y me quejo; si me abandonan como a un perro chico, ladraré y aullaré, y me pondré a patear en busca de un nuevo hogar…o no. Pero, ¿y si resulta que cuando me quejo alguien me presta atención, me escucha, me echa cuentas? Entonces la queja dejaría de ser una consecuencia natural para pasar a tener una función social.

La diferencia entre las ratas y los seres humanos es que la mayoría de estos últimos seguirán en un túnel en el que no hay queso. (Quién se ha llevado mi queso, Spencer Johnson)

El problema no son las quejas en sí, sino lo que hago (y hacen) con ellas. Quejarse, a uno mismo y/o a los demás, se ha puesto de moda, se ha convertido en una forma de comunicación en sí misma, en una forma muy frecuente de relacionarse con los demás. La queja es un pozo sin fondo como tema de conversación. Los que se quejan demandan atención y piden que se les den razones o se les de la razón (suelen ser sinónimos), y los que escuchan las lamentaciones se prestan inconscientemente al juego. También los profesionales de la orientación profesional, el coaching, la educación e incluso el management, que actúan sobre el pesimismo verbal intentando hacer ‘entrar en razón’ a sus clientes y animándolos: “la vida no es tan mala”, “te lo estás tomando a la tremenda”, “vamos, mañana será otro día!”…

¿Cómo debemos actuar antes aquéllos cuyo estilo de vida es la queja? Es más, ¿cómo deberían comportarse ellos mismos para no perder su energía y hacerla perder a los que les rodean? Sólo se me ocurren dos vías antagónicas: intentar racionalizar continuamente para encontrarle sentido a nuestros problemas o aceptar que la vida puede ser dura a veces y seguir con el plan marcado, dando el próximo paso previsto.

“Nunca cuentes tus problemas: al 20% no le importa y el 80% se alegra de que los tengas”. Lou Holz

En esta sociedad de la felicidad, nos dicen y nos decimos que tenemos que sentirnos bien y tener ‘inteligencia emocional’ para así estar en condiciones de trabajar y vivir mejor. Pero ya hace más de un siglo que el creador de la psicología funcional, William James, acuñó el principio más efectivo para alcanzar el bienestar y para reducir las quejas y la insatisfacción que generan las propias obsesiones:

El pájaro no canta porque es feliz sino que es feliz porque canta.

Cada vez veo a más personas insatisfechas que analizan y vuelven a analizar sus problemas, y los convierten en objeto de conversación y rumiación social. Cada vez más personas esperan que la felicidad ‘llegue a sus vidas’ y acabe con la imperfección y la mediocridad de su día a día. Hace tiempo que dejaron de cantar esperando las ganas de cantar.

Quejarse no es especialmente negativo si no lo usas como excusa para abandonar la ruta o para dejarse ir al pairo. Y el verdadero problema se genera cuando la queja se ha convertido en tu estilo de vida y de relación. Los demás ya esperan esa actitud por tu parte y tú te sientes cómodo en el papel de experto en qué no hacer y qué no funciona.

¿Cómo evitar el yugo del negativismo? Haz planes, da pasos pequeños, mantente activo y no abras la boca salvo para hacer propuestas. ¿Un lema?

Te sientas como te sientas, pienses lo que pienses, haz lo que debes, lo que tienes previsto

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