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12 de octubre de 2017

La culpa sin ira

A pesar de que "la ira" es sólo uno de los muchos sentimientos que experimentamos, la mayor parte de las veces usted se puede sentir mal consigo mismo cuando se enfada. El hecho es que usted puede elegir sus pensamientos y acciones, pero sus "sentimientos" pueden vengarse de usted.


Así que sentirse mal o culpable por estar enojado es innecesario. Cuando usted se siente violado de alguna manera, su cerebro ordena el sentimiento de ira. No es el sentimiento el problema, sino más bien el "comportamiento" que resulta de sus sentimientos. Entonces, ¿cómo nos comportamos cuando nos enojamos?
No es su culpa
Desde la infancia hasta la edad adulta hemos desarrollado pensamientos y creencias específicas. Lo que pensamos determina cómo nos sentimos y cómo actuamos. Los pensamientos y las creencias que tiene son a menudo las de sus padres, los maestros, los medios de comunicación, su escuela, etc..., pero no es frecuente que provengan de nosotros mismos.
Usted puede cambiar
Como sus pensamientos y creencias crean sus sentimientos y perspectiva de la vida, es necesario hacer un inventario en algún momento. Ya no es un niño. Usted puede cambiar su "auto-conciencia" y examinar su "viejas ideas". ¿Usted piensa que sus todos sus sentimientos trabajan a favor o están provocando perjuicios en su vida?  Conteste la pregunta.
Este es un elemento importante en el manejo de la ira: aprender a contestar esta pregunta cuando se presenta una situación que le puede provocar ira.
La ira es un "toque de atención" - una oportunidad para hacer balance de uno mismo y controlar el sentimiento que no funciona a su favor  y empezar a aprender cómo cambiar para mejor.
El Coaching es un medio muy efectico para el manejo de la ira, mediante un proceso profundo y emocionante con su Coach que le hará sentirse mejor.

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28 de abril de 2017

Los miedos universales II

El segundo miedo es “no soy lo suficientemente buena(o)”. Dentro de casi cada uno de nosotros, y en todas las culturas, hay un sentimiento de no ser merecedores de lo mejor. De que nuestras aportaciones a nuestra familia, trabajo, a nuestros vecinos y al mundo no son valoradas. Dentro de cada uno de nosotros hay un deseo de hacer grandes contribuciones a la humanidad y queremos trabajar por la paz y por el bienestar del mundo. Sin embargo nuestro miedo nos paraliza y no nos deja realizar lo que anhelamos.


El tercer miedo es la falta de confianza en la Divinidad, en los demás y en nosotros. Hay un sentimiento en nuestro interior que no nos deja confiar. Hemos pasado experiencias difíciles, desilusiones y dolor, esto nos ha llevado a desconfiar hasta de nosotros mismos dudando de nuestras acciones y decisiones. Si no confiamos en nosotros, ¿como podemos confiar en los demás y en Dios? Si queremos que algo cambie, debemos confiar en la Divina presencia de Dios en nuestras vidas y cambiar nuestras creencias. Si entendemos que no valemos, eso se manifestará en nuestras vidas atrayendo personas y situaciones que validen esa creencia.

¿Qué herramientas podemos utilizar para liberarnos del miedo? Una de las más recomendadas es la meditación y la práctica espiritual. Si eres católica(o) puedes rezar el rosario con la intención de liberarte de los miedos que te atan. Utiliza la herramienta que hayas aprendido en tu camino espiritual, cualquiera que sea el que hayas escogido, todas son buenas, pues mueven y aumentan la energía que te va a ayudar a atraer a tu vida nuevas y mejores experiencias.

La meditación junto a la visualización y las afirmaciones te dan la ayuda necesaria para sobrepasar la resistencia que tal vez tengas de cambiar tu vida. Cuando el miedo nos paraliza, no queremos tomar acción pues equivocadamente pensamos que es mejor quedarnos como estamos que trabajar con nuestro cambio. Todos podemos vivir una vida sin temor, sin miedo, esto no quiere decir que no lo vayamos a sentir, sino que, aún sintiéndolo, hagamos lo que es correcto hacer y lo que es mejor para nosotros y todos a nuestro alrededor, es ver las crisis como una oportunidad y utilizar los retos que se nos presentan para nuestro crecimiento espiritual y para nuestro mayor bien.

Medita, afirma, visualízate soltando los miedos. Eres más que triunfador(a) y no hay nada que impida lo que quieres alcanzar, excepto tu misma(o).


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27 de abril de 2017

Los miedos universales I

¿Cuál es el patrón que nos mantiene atados? ¿Qué es lo que no nos deja movernos y nos detiene? A casi todos, en algún momento, el miedo nos ha paralizado o nos ha hecho actuar de una manera sorpresiva, tan sorpresiva que nos preguntamos por qué actuamos así.


Cuando el miedo nos ataca, nos invade, no podemos pensar ni analizar objetivamente qué está sucediendo y todo lo vemos a través del cristal del miedo. Las cosas aparentan ser más grandes y dolorosas de lo que en realidad son.

Usualmente tenemos grabado en nuestra mente patrones negativos que en muchas ocasiones vienen de nuestra niñez. Ejemplo de esto es el maltrato, tanto el físico como el emocional. Muchas veces nos preguntamos por qué una persona se somete a una situación así, la respuesta es: por miedo. Miedo a estar sola (o solo). A veces el miedo es tan imperceptible que ni lo notamos. Es algo que va más allá de nuestro entendimiento y que todos una que otra vez lo hemos experimentado.

Cuando estamos sometidos a situaciones de mucho reto y dolor, los sentimientos de miedo y soledad arremeten contra nuestra entereza y solidez.

De acuerdo a Gregg Braden en su libro “The Divine Matrix” hay tres miedos universales, que todos en alguna ocasión hemos experimentado. El primero es el miedo a la separación y al abandono. El autor expone que siempre nos estamos preguntando quiénes somos, de dónde venimos, para qué estamos en este planeta. Cuál es nuestro propósito en la vida. Estas preguntas aumentan nuestro sentido de aislamiento y sentimos que estamos solos en este Universo. Cuando no estamos claros de quiénes somos, estamos dudando de que existe una fuerza mayor a nosotros, es por eso el sentimiento de separación y abandono.


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