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21 de junio de 2022

Liderazgo en tiempos difíciles


En el tiempo que llevo como Coach, no he conocido a ningún líder de ninguna organización que disfrute despidiendo al personal de su empresa.

Por defecto, el líder quiere que su empresa mejore, genere más beneficios y que crezca en facturación, personal, portafolio de productos y servicios. ¡Que esté entre las mejores!.

Pero a veces los tiempos, las circunstancias y en algunas ocasiones la falta de previsión obligan finalmente a tomar decisiones difíciles.

En tiempos difíciles un estilo de liderazgo directo orientado a la mejora de la eficiencia, planificación de operaciones a corto plazo, control de costes y rendimiento y a solventar los problemas operacionales es la base de la supervivencia a corto plazo.



No obstante si queremos sobrevivir a medio y largo plazo no podemos olvidar el liderazgo orientado a las relaciones (motivación, desarrollo de las habilidades y confianza del equipo, soporte al trabajo en equipo…) y el liderazgo orientado al cambio (identificación de competencias estratégicas, implantación de cambios en la organización, provocación del pensamiento innovador, facilitación del aprendizaje continuo…).

El líder que sea capaz de encontrar el equilibrio entre las decisiones difíciles a corto plazo, con una visión humana e inspiradora, de innovación y de cambio a medio y largo plazo será el que consiga llevar a su empresa al éxito.

Se habla mucho sobre cuales son las habilidades (“Skills”) que un líder debe tener para ser un buen líder.

Varios estudios demuestran que los trabajadores buscan en sus líderes que les inspiren, que les motiven y un alto nivel de integridad personal.

Y para inspirar a su equipo, el líder, debe ganarse su respeto.

Todo ello parece muy teórico con lo que incluiré algunas ideas de cómo debe actuar un buen líder (en momentos difíciles y en momentos “dulces”):

Un líder debe ser un ejemplo para el resto.
Debe hacer lo que predica,
Debe ser consistente en su mensaje, veraz.
Un líder puede equivocarse e incluso pedir perdón le hace ganar en respeto y autoridad.
Un líder debe transmitir confianza, expresar sus ideas claramente y saber en que dirección quiere ir.
Un líder debe saber tomar decisiones, las fáciles y las difíciles.
Un líder no debe culpar a otros, debe aceptar la situación y actuar.
Un líder confía en su equipo, les da espacio de maniobra en la toma de decisiones y les permite equivocarse.
Un líder sabe escuchar activamente y acepta las opiniones de otros.
Un líder debe ser optimista sin perder el contacto con la realidad.
Para todo ello, el líder debe estar siempre abierto a nuevas oportunidades, a nuevos aprendizajes, a saber escuchar activamente dentro y fuera de su organización.

Aprendizaje continuo, búsqueda de la excelencia, integridad, honestidad y saber pedir ayuda son claves.

Gestionar la empresa y sobre todo gestionar a otros directivos, al personal en general, no es tan fácil. Las personas tienen reacciones, sentimientos que hay que entender, familias, los equipos tienen una dinámica diferente y hay que conseguir que sean de alto rendimiento, que trabajan todos en la misma dirección.

Un consultor asesora e implanta soluciones de planificación estratégica, políticas, métodos, procedimientos, análisis de costes, análisis de estructuras, mejora continua….

El coaching ejecutivo proporciona a los ejecutivos nuevas herramientas para potenciar o mejorar sus habilidades competenciales, comportamientos y relaciones interpersonales. ¿Somos buenos líderes? ¿Qué habilidades deberíamos de potenciar? ¿Qué actitudes deberíamos cambiar? ¿Cómo, cuando? ¿Cómo podemos ayudar a desarrollarse profesionalmente a nuestro equipo?.

El coaching corporativo trabaja con la empresa en su conjunto teniendo en cuenta todas las áreas así como su cultura, misión y visión aplicando coaching en todos los departamentos y equipos directivos, tanto a nivel individual (coaching ejecutivo) como colectivo (coaching de equipos). ¿Hay problemas de relación en nuestro equipo? ¿Cómo podemos solucionarlos? ¿Cómo podemos potenciar al equipo? ¿Cómo lo convertimos en un equipo de alto rendimiento?.

El mentoring es una relación personalizada mediante el cual un directivo sénior de una empresa, con más experiencia (el mentor), enseña, aconseja, guía y ayuda a otra (el mentorizado) en su desarrollo invirtiendo tiempo y compartiendo conocimientos de manera que pueda mejorar su rendimiento y por tanto progresar más rápidamente en el desarrollo de su carrera profesional.

La gestión de todo ello, el equilibrio entre los diferentes estilos de liderazgo, la visión estratégica a corto y largo plazo, la capacitación profesional personal y del equipo y la ayuda externa (consultoría, coaching…), pueden ser la diferencia entre sobrevivir o no, entre el éxito y el fracaso.

MPC Coaching
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10 de junio de 2022

El Coaching como ayuda a la buena gestión del tiempo


El tiempo es inflexible, pasa y no se detiene, aunque a veces tengamos la sensación de todo lo contrario. El tiempo es el bien más valioso que tenemos. Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo dedicados a muchos problemas relativamente secundarios en lugar de concentrarnos en pocas actividades, pero de vital importancia. Un Coach le ayudará a gestionar y a rentabilizar su tiempo.

La Ley de Pareto sobre el tiempo, fijada por el economista italiano Vilfredo Pareto, que formuló realizando investigaciones estadísticas dice que:
  • El 20% de la entrevista proporciona el 80% de las conclusiones. 
  • El 20% del trabajo de mesa posibilita el 80% del éxito en el trabajo total. 
  • El 20% de nuestro tiempo contribuye al 80% de los resultados. 
  • El resto suelen ser imprevistos, urgencias, interrupciones, correcciones, etc.
Esta ley puede aplicarse para conocer lo que da resultado en la empresa y para decidir correctamente qué hacer en primer lugar, con el objetivo centrado en las tareas de mayor rentabilidad.

La mayor parte del tiempo y de la energía se malgastan porque faltan objetivos, planificación, prioridades y visiones de conjunto.

Una perfecta gestión del tiempo nos abrirá caminos para:
  • Obtener una mejor panorámica de las actividades y prioridades.
  • Tener más tiempo libre para la creatividad.
  • Dominar, reducir y evitar el estrés. 
  • Tener más tiempo libre. 
  • Alcanzar consecuente y sistemáticamente los objetivos propuestos.
La capacidad para gestionar bien el tiempo es una habilidad que las empresas valoran cada vez más en sus trabajadores, ya que este factor mejora la productividad y la competitividad de la organización.

Los “ladrones del tiempo” son: las interrupciones, el mal uso del teléfono, reuniones no previstas, dejar las cosas para después, desorden y burocracia, comunicación ineficaz, el mal uso del correo electrónico, la escasa disciplina personal.

Así, gestión del tiempo es cualquier sistema para controlar el tiempo de la forma más eficiente posible. Estableciendo un sistema de control del tiempo en el quehacer diario es posible aprender a identificar y eliminar los factores que hacen perder el tiempo y desarrollar su control con eficacia.

Para gestionar bien el tiempo se pueden aplicar una serie de principios básicos:
  • Planificar por adelantado. 
  • Hacer y seguir una lista de prioridades: tareas importantes y urgentes, tareas importantes, tareas urgentes y tareas minucia. 
  • Agrupar las tareas según las capacidades requeridas. 
  • Programar actividades de descanso. 
  • Prometer menos y cumplir más. 
  • Hacer un seguimiento de los procesos. 
  • Delegar todo lo que se pueda. 
  • Establecer parámetros para decir “no” 
  • Tener en cuenta la curva del rendimiento.
La Agenda, programa diario o conjunto de acciones previstas para el día, es una excelente forma de recordar, flexibilizar o priorizar los objetivos laborales. La principal dificultad con la que nos encontramos es su alteración por imprevistos que surgen.

Como sugerencias se ofrecen las siguientes:
  • Anotar en primer lugar las fechas ya comprometidas para entrevistas, citas o reuniones.
  • Señalar las tareas con fechas/horas límite establecidas previamente. 
  • Reservar espacios temporales para asuntos con fechas límite. 
  • Anotar el resto de cuestiones que se consideren importantes a las que tengamos que dedicarles tiempo.
Su Coach le planteará las siguientes preguntas:
  • ¿Cómo resuelve cumplir con todo lo que quiere o necesita hacer a diario a lo largo del día, va pasando tranquilamente de una actividad a la siguiente? 
  • ¿Cómo determina cuánto tiempo le llevará una actividad? 
  • ¿Escribe una lista de los asuntos que debe resolver en el día? 
  • ¿Cómo establece prioridades? 
  • ¿Sabe decir ”no?” 
  • ¿Cómo es ahora mismo un día normal de trabajo? 
  • ¿Cuántas cosas intenta hacer en una sola jornada? 
  • ¿Es realista al respecto? 
  • ¿Qué actividades de su trabajo, son prioritarias? 
  • ¿Cómo puede saber qué actividades son prioritarias? 
  • ¿Qué necesita que ocurra para que determinadas actividades no acaben en la lista de cosas urgentes o importantes? 
  • ¿Qué le gusta más hacer de todos los asuntos que son de su competencia? 
  • ¿Sabe delegar? 
  • ¿Es capaz de darse a Ud. mismo el apoyo que necesita? 
  • ¿Qué va a hacer para alcanzar su objetivo? ¿Cuándo, dónde y cómo?

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27 de mayo de 2022

Responsabilidad y estrés


Qué duda cabe de que todos, de una manera u otra, tenemos responsabilidad sobre alguna cosa. La responsabilidad, la mayor parte de las ocasiones, genera algún tipo de estrés, tal vez poco, pero algo genera. 
Hay personas que de la responsabilidad, por pequeña que ésta sea, hace una montaña inexpugnable que convierte su vida en un calvario, llena de sufrimiento y de insatisfacción. Algunas de ellas piensan que es mejor no tener responsabilidad de nada, ni siquiera de sus propias vidas.
Hay algo maravilloso en eso de no ser responsable, hay algo que satisface. ¿Qué es lo bueno de no ser responsable? Si no eres responsable no tienes la culpa de nada. Hermoso, “yo no tengo la culpa”, por tanto “soy inocente”. Son los otros los responsables, el mundo, el entorno, la crisis, el gobierno, quien sea menos yo.
La satisfacción de ser inocente plantea una seria cuestión: ¿qué tiene que suceder para que las cosas sean como a mi gusta? Por ejemplo, si siempre llego tarde al trabajo por culpa del tráfico, ¿cuándo llegaré a tiempo al trabajo?, ¿cuando el tráfico sea fluido? ¿puedo yo hacer que el tráfico sea fluido? Excepto que trabajes en el ministerio competente en la materia, lo más probable es que no puedas controlar el tráfico, por tanto nunca vas a llegar a tiempo al trabajo. La única manera de llegar a tiempo será tomando responsabilidad en el asunto y saliendo antes de casa.
Este es un ejemplo muy sencillo y fácil de entender, hay cientos de situaciones en las que ponemos la responsabilidad, la culpa, fuera de nosotros. Las personas que practican esta técnica, la mayoría de las veces, no son conscientes del estrés que se están poniendo de forma totalmente gratuita. Poner la responsabilidad fuera de nosotros significa ceder el control de aquello que nos pasa a otro ente o persona. Eso genera sensación de impotencia puesto que no podemos cambiar a los demás, ya les gustaría a muchos poder cambiar a los demás, pero no es así. Cuando cuentan la historia de forma que no tienen nada que ver con el problema, en realidad están diciendo que tampoco tienen  nada que ver con la solución.
Esta forma de vivir tiene un inconveniente y es que si decides que no tienes posibilidad de alterar tu vida, porque las cosas que te pasan son decisión de otro, dependerás de otro para ser feliz; si el mundo te trata bien serás feliz, si el mundo te trata mal serás infeliz, como si tu no pudieras hacer nada para influir en cómo te trata el mundo.
Tu decides, la responsabilidad genera un tipo de estrés, la inocencia genera otro diferente, pero estrés al fin y al cabo.

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27 de abril de 2022

El valor del tiempo



Nuestro entorno nunca estuvo tan acelerado como ahora. La entrada de nuevas empresas en la última década lleva las organizaciones a ser más competitivas y por ello a aumentar la productividad de los trabajadores. La capacidad de reacción es hoy un factor diferencial y de éxito para las organizaciones.

Para poder adaptarse a ello, los trabajadores deben tener claro el sentido de urgencia de tratar los retos de negocio en tiempo cierto. Ello significa muchas veces tener que realizar horas extras y mucho más a menudo que uno lo quisiera. ¿Cuántas veces hemos escuchado expresiones como “me faltan horas”, “no tengo tiempo”?

El tiempo es inflexible y tiene el valor de la transformación que uno produce en ese espacio. Es entonces primordial saber controlarlo y no dejarse llevar por él. La gestión del tiempo es una de las disciplinas que no debería de faltar en las aulas de las universidades, sin embargo es probablemente la que carecen muchos profesionales.

Maximiza tu tiempo:

  • Planificación: Establezca a principio de semana las prioridades y diferencia lo urgente de lo importante para saber actuar de manera ordenada. 
  • Programación: Realice un programa de actividades con objetivos claros para plasmarlo en su agenda. 
  • Pendientes: Establezca al fin del día los temas pendientes que tenga, esto reducirá su nivel de estrés y le permitirá tener un mejor descanso. 
  • Concentración: evite interrupciones, establezca disciplina con sus colaboradores para no ser interrumpido durante sus tareas. 
  • Controle su avance: Establezca lapsos de tiempo, por ejemplo para preparar una presentación: 15min para establecer el agenda, 1h para desarrollar el contenido, 30min de revisión y 15min para el diseño. 
  • Recarga de energías: Duerma las horas requeridas, maximizar el tiempo es ante todo tener energía para actuar más rápidamente. 

Fijase tiempo para usted mismo, goza de su familia y busque un equilibrio vida laboral y familiar. 

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16 de noviembre de 2021

Responsabilidad Personal


De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española de la lengua la responsabilidad es “la capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente”.

El ejercicio de la responsabilidad individual depende de cada uno. En principio, en un contexto de libertad, y desde la perspectiva de una persona sana, es decir, libre de trastornos psicológicos graves,  todos podemos elegir libremente qué hacer con nuestra vida, hacia dónde dirigirnos, con quienes queremos estar, qué queremos ser. Podemos incluso decidir no tomar ninguna decisión acerca de nuestra vida.

La consecución de nuestros objetivos y de nuestras metas depende de muy diversos factores, pero el principal de todos ellos es ser conscientes de la responsabilidad que tenemos sobre nuestras propias vidas, sobre nuestro bienestar y sobre nuestra felicidad personal.

Ser responsable supone decidir acerca de cuáles son las acciones más adecuadas para conseguir nuestros objetivos, significa ser proactivos, tomar la iniciativa. La responsabilidad conlleva tomar conciencia acerca del nivel de atención que prestamos a nuestro trabajo, a nuestras actividades y tareas cotidianas, así como a las relaciones que mantenemos con las personas que se encuentran en nuestro entorno, ya sea personal o profesional.

Ser responsables significa asumir las consecuencias de las decisiones que tomamos, por tanto, significa excluir de toda culpa a las circunstancias o personas que nos rodean. Expresiones como “ella/el me está volviendo loca/o”, “esta persona me saca de quicio”, “todo lo que me pasa es por su culpa”, “esta situación es injusta”, son expresiones que ponen de manifiesto nuestra falta de responsabilidad.



Ser responsables supone también decidir cómo jerarquizamos nuestro tiempo, como disponemos de nuestra energía, a quiénes le dedicamos ese tiempo y esa energía. Asimismo, ser responsable afecta a la calidad de nuestra comunicación con los demás. En el ejercicio de nuestra responsabilidad somos nosotros los que nos cercioramos de que las personas han entendido el mensaje que transmitimos, y de que también hemos entendido lo que otros pretenden comunicarnos, por tanto, somos responsables de la forma y de la claridad con que expresamos nuestras ideas e interpretamos las de los demás.

La responsabilidad supone aceptar de forma incondicional que nuestra felicidad depende sólo y exclusivamente de nosotros. Esto exige un alto grado de madurez personal. Significa que no vamos a hacer depender nuestra felicidad del hecho de que otros nos quieran o no, cumplan nuestros deseos o no, actúen de la forma que creemos más oportuna o no, o nos presten o no la atención que consideramos nos merecemos. Otra cosa es reconocer que las personas, con su comportamiento, pueden entristecernos, especialmente si éstas son parte importante en nuestras vidas, pero ¿hasta qué punto vamos a dejar que ese comportamiento siga afectándonos?.

Actuar de forma responsable lleva consigo el decidir y asumir los valores conforme a los cuales deseamos vivir. El hecho de que estos valores hayan sido adquiridos de forma pasiva e irreflexiva es algo contrario a la acción responsable. Los valores, es decir, los aspectos que realmente nos motivan, nos impulsan en nuestra vida, influyen decisivamente sobre nuestra forma de comportarnos y sobre nuestro sentido de integridad. Somos íntegros cuando lo que pensamos, lo que decimos y, sobre todo, lo que hacemos, resulta coherente con nuestros valores. Por ello, elegir cuáles son esos valores y alinear nuestro comportamiento con ellos entra dentro del ámbito de nuestra responsabilidad.

Mantener una alta autoestima, es decir, la valoración que tenemos de nosotros mismos, es también nuestra responsabilidad. Difícilmente podemos tener una alta autoestima si no somos responsables de nuestra vida y nuestra felicidad.

Ahora bien, es preciso matizar, y tener muy en cuenta, que no resulta oportuno ni aconsejable, hacernos responsables de sucesos que ocurren a nuestro alrededor y que se escapan a nuestro control, ya que entonces dejaríamos nuestra autoestima, y por tanto, nuestra felicidad a expensas de las actitudes y comportamientos de terceros, o a sucesos que, en la mayoría de las ocasiones, poco o nada tienen que ver con nuestras acciones directas. Por contra, estaríamos, asimismo, perjudicando gravemente nuestra autoestima si no fuéramos responsables de aquellos asuntos que están bajo nuestro control y dependen de nuestra voluntad.

Existe un concepto que se denomina “libertad interior”, y cuyo ejercicio responsable o no depende exclusivamente de nosotros. Esta “libertad interior” implica la forma en la que interpretamos las cosas que nos suceden, incluso de aquellos sucesos externos que escapan de nuestro control. Es cierto, que no podemos controlar absolutamente los resultados en sí de nuestras acciones, o los comportamientos y actitudes de los demás, pero sí decidir nuestra actitud y la interpretación que hacemos de esos resultados, de esos comportamientos y de esas actitudes. En este sentido, nuestra actitud y nuestra interpretación puede ser optimista o pesimista, desde una posición de “sentirse” víctima, dejándonos llevar por la frustración, o bien desde una posición de protagonistas de nuestras propias vidas, aprendiendo de errores y fracasos. Esto es una decisión que depende única y exclusivamente de nosotros, del ejercicio que hagamos de nuestra “libertad interior”.

Tal y como decía Victor Frankl, aún en las circunstancias más adversas nadie puede privarnos de esa libertad interior. Víctor Frankl es un psiquiatra de origen judío que durante muchos años vivió bajo el cautiverio de los nazis, encarcelado en un campo de exterminio. En su libro “El hombre en busca de sentido” exponía que sus carceleros, si bien podían torturarle, privarle de libertad, insultarle, o incluso quitarle su propia vida, nunca podían decidir sobre la interpretación que el mismo hiciera de esos hechos, en el ejercicio responsable de su libertad interior. Durante su cautiverio Víctor Fankl ayudó a muchísimas personas a salir adelante en condiciones infrahumanas, haciéndoles ver este aspecto tan importante, conjuntamente con la búsqueda de aquello que le daba sentido a sus vidas, aquello por lo que merecía la pena seguir viviendo. Víctor Frankl se ganó el respeto no sólo de sus compañeros de cautiverio, sino también de sus propios carceleros, y dio muestras de que, en último término, la felicidad depende de nosotros, es decir, de la responsabilidad que asumamos sobre nuestras propias vidas, sobre las consecuencias de nuestras decisiones, aún en las peores circunstancias.

Por tanto, por un lado, existen hechos y circunstancias externas a nosotros mismos que escapan totalmente de nuestro control, sobre los que difícilmente podemos actuar o incluso influir y que entran dentro de, lo que autores como Stephen Covey, denominan nuestro ámbito o “círculo de preocupación”. En estos casos, no resulta útil, ni aconsejable, responsabilizarnos de ellos hasta el punto de provocar en nosotros sentimientos de culpa,  enfado o frustración, que acaben repercutiendo en la valoración que tenemos de nosotros mismos y de nuestras capacidades como seres humanos y, por tanto, perjudicando seriamente nuestro bienestar y felicidad.

Por otro lado, existen otros hechos o circunstancias externas sobre los que pudiendo nosotros influir en mayor o menor medida, modificarlas, no dependen exclusivamente de nosotros, si bien nuestros pensamientos, decisiones, actitudes o comportamientos pueden hacer que éstas, como la erosión del agua de los ríos sobre su cauce, o la gota que de forma permanente e inexorable cae sobre la roca, pueden a medio y largo acabar provocando cambios muy significativos. Este segundo grupo de hechos o circunstancias estarían dentro del nuestro ámbito o “circulo de influencia”. En este ámbito, nuestra responsabilidad tiene más que ver con la forma en que nosotros interpretamos las cosas que suceden en nuestro entorno más cercano o con las consecuencias de nuestras decisiones, que con los resultados en sí de nuestras acciones o comportamientos o con las actitudes o comportamientos de los demás. En este sentido, esta interpretación será más optimista y constructiva en la medida que nuestra forma de pensar, hablar y actuar sea coherente con nuestro valores, y éstos a su vez estén alineados con principios universales e intemporales, como el compromiso, la honradez, el trabajo bien hecho o la dignidad del ser humano, etc., es decir, cuando nos comportamos con integridad.

Los aspectos internos o procesos psicológicos conscientes, siempre desde la perspectiva de una persona psicológicamente sana, y con matizaciones,  están bajo nuestro control.  Como parte de esos procesos, nuestra actitud ante los hechos o circunstancias externas, el cómo los interpretamos y la forma en que, por tanto, utilizamos nuestra libertad interior, indican el grado de responsabilidad y la madurez personal que cada uno nosotros poseemos. Es aquí donde se sugiere, con el conjunto de matizaciones que se quiera, que la responsabilidad personal sobre nuestra vida, sobre nuestro bienestar y sobre nuestra felicidad es plena, porque ¿de quién depende nuestra actitud?, ¿y nuestros pensamientos?. ¿Alguien nos obliga, aún en las peores circunstancias que podamos imaginar (recuérdese a Victor Frankl), a tener pensamientos del tipo: “La vida es un desastre. Nada tiene sentido y poco puedo hacer respecto a mi vida”, o bien del tipo “Qué día tan maravilloso ha  amanecido hoy. Cielo azul, buena temperatura, olor a azahar. Esto va muy bien”?.

Esta responsabilidad plena sobre nuestro bienestar y sobre nuestra felicidad tiene sus aspectos positivos y “negativos”. Al hacernos responsables plenos de nuestra vida ya no buscamos en las circunstancias, los hechos externos, los comportamientos o las actitudes de los demás justificaciones para nuestra tristeza o vacío interior, ya que no sería compatible con el propio concepto de responsabilidad personal, e implica tomar decisiones, ser proactivos, ser protagonistas de nuestras vidas y, por tanto, como aspecto “negativo” cierto grado de ansiedad ocasionado por la incertidumbre que genera el no saber cuál será el resultado de nuestras acciones. ¿Significa esto que ya no podemos o debemos sentirnos tristes? Claro que sí podemos. En ocasiones hay motivos objetivos para ello. No somos máquinas, tenemos sentimientos y emociones pero, ¿cómo gestionamos esas emociones?, ¿lo hacemos de forma responsable?.

¿Cuál es el aspecto positivo de una responsabilidad plena con nuestro bienestar y felicidad?. En cierta forma, al tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad plena sobre nuestro bienestar y nuestra felicidad, nos liberamos de muchas ataduras, tomamos el control, y las riendas de nuestra vida. Entonces nos volvemos proactivos, emprendemos acciones y tomamos conciencia y decisiones sobre nuestras vidas, sobre las cosas que pensamos, nuestras creencias, nuestros valores, nuestras interpretaciones, las cosas que realmente nos importan, etc. Lo que entonces sucede es que caemos en la cuenta que realmente podemos ir, poco a poco, con paciencia y perseverancia, haciendo de los fracasos y de los errores motivos de aprendizaje y de crecimiento personal, en lugar de motivos para la frustración, la tristeza, la desesperanza y la pérdida de confianza en nosotros mismos, algo por otro lado demoledor para nuestra autoestima y para nuestro bienestar y felicidad personal.

La toma de conciencia de la responsabilidad personal y plena sobre nuestro bienestar y nuestra felicidad, y sobre lo que ello implica de positivo,  es el inicio de un proceso de cambio personal maravilloso, que nos va llenando de energía, de fuerza, de ilusión, de esperanza, de acciones que tienen su origen en nuestros valores, nuestros deseos. Y de repente, con perseverancia, aceptación, amor y compasión, vamos comprobando como, lentamente, cambiamos actitudes, pautas de pensamiento, y comportamientos. Nos volvemos más flexibles, tolerantes, empáticos, asertivos, compasivos y afectivos. Nos aceptamos y aceptamos a los demás. Aprendemos de nuestros errores y de nuestros fracasos. Vivimos el presente, sin la tristeza del pasado, ni la ansiedad del futuro, sino plenamente concentrados en lo que hacemos en cada momento, con sentido de fluidez. Nos volvemos más creativos y, por tanto, expresamos nuestra inteligencia más genuina, de forma extraordinaria, que nos hace únicos, diferentes a todos los demás, porque, de hecho, lo somos. Aquella inteligencia que pone en valor nuestras capacidades y talentos. Somos entonces protagonistas de nuestra vida, ya que vivimos motivados, con integridad, y con un profundo respeto por los demás. Fijamos nuestras propias metas y objetivos, y las alternativas y acciones que, por muy pequeñas e insignificantes que éstas nos puedan resultar, nos acercan, lenta pero inexorablemente, a esos objetivos. Puede que llegue un punto en que busquemos trascender y dar un sentido a nuestra vida que va más allá de nosotros mismos. El resultado será que, casi sin darnos cuenta, iremos configurando nuestra propia realidad, nuestro “círculo de influencia” se hará cada vez más grande y, en ese lento, pero maravilloso proceso, iremos comprobando como las personas que nos rodean también inician su propio proceso de cambio personal, porque “yo también quiero”, dirán algunos, y éstos a su vez, en una espiral sin fin, con su comportamiento, su actitud y su ejemplo, influirán sobre otros.

Recordemos siempre, por tanto, que nadie, absolutamente nadie, puede privarnos de nuestra libertad interior para interpretar y pensar como queramos. Todo es cuestión de tomar conciencia, ejercer nuestra plena responsabilidad sobre este hecho y, lo más importante, querer cambiar y comprometerse con ese cambio.

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24 de septiembre de 2021

Diferencias entre un Jefe y un Líder


En muchas ocasiones, los jefes se esfuerzan por conseguir que el equipo que tienen a su cargo funcione. Sin embargo, tratar a los empleados como “números” puede llegar a ser contraproducente y, aunque dé resultados, es necesario ir un paso más allá. 

El líder es aquella persona capaz de influir en los demás. Es la referencia dentro de un grupo (ya sea un equipo deportivo o el departamento de una empresa). Es la persona que lleva “la voz cantante” dentro del grupo; su opinión es la más valorada.

El jefe es la cabeza de una organización. Una persona arcaica y encorsetado por la empresa, se encuentra en el puesto superior de la jerarquía y tiene las facultades necesarias para mandar a sus subordinados.
Hay quienes no entienden que lo importante es ser un buen líder, más que un jefe exitoso, sobre todo si no lo haces bien.

¿Cuál de ellos eres tú?

El jefe regaña. El líder, en cambio, ayuda a buscar una solución.


La percepción sobre su autoridad.
Para un jefe la autoridad es un privilegio concedido por su puesto de mando.

Para un buen líder, en cambio, la autoridad es un privilegio solo si es una herramienta útil para la organización.

El jefe hace suya la máxima de “yo soy el que mando aquí”.
Mientras que el líder encuentra su inspiración en la frase “yo puedo ser útil aquí”. El jefe machaca al grupo y el buen líder se mantiene al frente, los guía y se compromete día a día.

El jefe te desmotiva y humilla. 
El líder, en cambio, te ayuda a crecer y mejorar.


Imponer vs convencer.
El jefe basa su influencia en la autoridad que dimana del cargo que ostenta.

El líder se gana la simpatía y la voluntad de quienes le rodean.

El jefe hace valer su posición dentro de la jerarquía, mientras que el líder cultiva y cuida su liderazgo cotidianamente. 

El jefe siente la necesidad de imponer su criterio, usando largos monologos; el líder convence y ejemplifica sus argumentos, no busca desterrar a los demás, sino construir conocimiento y plan de acción.

El jefe te dice lo que quiere. 
El líder te muestra cómo se hace.


Miedo vs confianza.
El jefe infunde temor, miedo, suele amenazar, y su equipo le teme, le ponen buena cara cuando está cerca pero le critican duramente cuando no está presente.

El líder es una fuente de confianza, empodera a las personas, genera entusiasmo cuando trabaja, estimula al grupo reconociendo las buenas labores y el esfuerzo de sus miembros. 

El jefe precisa obediencia ciega, el líder persigue que la motivación impregne a todos. Si sientes miedo de tu superior, es un jefe corriente, si en cambio lo valoras y aprecias, tu superior es un líder.

El jefe te elimina si te equivocas. 
El líder jamás te deja atrás.


La gestión de los problemas.
El jefe quiere señalar a quien ha cometido el error; implanta la creencia de buscar a los culpables. De este modo, abronca, castiga y grita si algo no sale bien, para advertir al culpable y al resto de personas.

El líder sabe entender los errores y calmadamente reorienta la situación. No se encarga de señalar los errores ajenos ni de acusar a nadie, sino que busca solucionar el problema y ayudar a quien lo ha cometido a levantarse.

El jefe ordena lo que tienes que hacer. 
El líder, en cambio, te da sugerencias.


Organización técnica vs organización creativa.
El jefe distribuye las tareas y ordena, y se queda supervisando si sus órdenes están siendo seguidas a rajatabla. 

El líder estimula, aporta ejemplo, trabaja codo con codo con sus colaboradores, es coherente con lo que piensa, con lo que dice y con lo que hace.

El jefe hace que las tareas sean una obligación, pero el líder sabe buscar la motivación en cada nuevo proyecto. El líder transmite ganas de vivir y progresar.

El jefe se lleva el mérito de todo. 
El líder, en cambio, sabe que su equipo también hizo el esfuerzo y lo valora.


Órdenes vs pedagogía.
El jefe conoce el funcionamiento de todo, recela de su secreto que le ha llevado al éxito.

El líder sabe hacer pedagogía de cada tarea, sabe enseñar, tutela decisivamente a las personas para que puedan desarrollarse y hasta superarle.

El jefe organiza la producción, pero el líder les prepara para que alcancen todo su potencial.

El jefe te ordena a que trabajes y hagas que la empresa triunfe. 
El líder te invita a que juntos logren el cambio.


Poder vs inspiración.
El jefe defiende con uñas y dientes su posición de autoridad, ansía la reverencia, quiere mantener sus privilegios.

El jefe dice “haz esto”, el líder dice “hagamos esto”.

El líder hace que la gente normal se sienta extraordinaria, logra comprometer a su equipo en una misión que les permite superarse y trascender. El líder dota de significado e inspiración a su trabajo su vida y la de los que le rodean.

La mayoría de los empleados no renuncian a las empresas…sino a los malos jefes.


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8 de marzo de 2021

Mujeres Liderando


Las mujeres siempre han sido nuestras primeras enseñanzas como líderes desde nuestros primeros recuerdos. Pues son nuestras madres quienes nos han traído al mundo, enseñado a dar nuestros primeros pasos, complacieron nuestras emociones y nos reconfortaron en los momentos que hemos necesitado. Pues es extraño ver que aún la proporción de mujeres líderes en las organizaciones sigue siendo bajo. Un estudio de la universidad de Tel Aviv, sobre el papel que juega el género en los procesos de negociación concluyó después de más de 500 simulaciones en EEUU y en Israel que las mujeres son más dotadas que los hombres para negociar.

A ello se añade que las mujeres son muy buenas escuchando, y se preocupan por lo que le importa a la otra parte. Sin embargo sigue existiendo un fuerte prejuicio de que la mujer pueda cumplir con su doble rol, laboral y familiar y es por ello que la tendencia en el empleo sigue siendo fuertemente orientado a elegir el hombre sobre la mujer.

¿Cómo fortalecer la organización con Mujeres Líderes?

Para mantener igualdad de oportunidad de carrera dentro de las organizaciones es importante que prevalezca un sistema de administración por desempeño para garantizar el crecimiento de cada colaborador sin prejuicio. 

Cultura: Es importante que se declare la transparencia e igualdad de oportunidades no solo por sexo, sino por religión u otros prejuicios. 

Flexibilidad: Hoy las tecnologías hacen posible el poder trabajar desde cualquier lugar, la empresa moderna debe de pensar en otorgar flexibilidad para que cualquier empleado y sobre todo la mujer pueda cumplir con sus metas profesionales y compromiso familiar. 

Reconocer el rol de la mujer no es únicamente celebrar el día de la madre y de la mujer, se trata de fomentar una cultura de igualdad en la organización, entendiendo la importancia que juegan a nivel social, siendo responsable por el equilibrio familiar y de la compañía. 

No es hoy, no es un sólo día, es todos los días de luchar, de crecer y de ser mejores cada día.
 Hoy es tú día mujer, 
pero ayer también lo fue
y mañana también lo será. 
Día Internacional de la mujer, por 365 días siempre.

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14 de abril de 2020

Talento: ¿Cómo potenciar el talento individual y en la empresa? Parte II


Tener talento o ser una persona talentosa implica reconocer no sólo los conocimientos, las habilidades, el compromiso y la acción propios para sacar a flote y de manera óptima determinado proyecto, sino también, identificar fortalezas y amenazas (o debilidades) propias y del entorno; supone, pues, reconocerse como individuo, pero como individuo social cuyas acciones se instauran en un marco social específico, marco que afecta al ser y su actuar.

Las organizaciones requieren con urgencia colaboradores talentosos en las diversas áreas o departamentos que las conforman, personal comprometido, participativo, capacitado, competente, analítico y con visión (entre otros aspectos). Las organizaciones deben estar en la capacidad de reconocer, atraer, apoyar y no dejar perder a estos talentos.

Así pues, las organizaciones deben ser capaces de implicar e involucrar al personal, invirtiendo los sistemas de control por parte de la gestión y asumiendo la importancia de retener el talento, no sólo con procesos de gestión humana que favorezcan su desarrollo, sino también teniendo en cuenta otros aspectos, como los se mencionan a continuación:

ASPECTOS
DESCRIPCIÓN
Conexión del personal con la estrategia de la empresa, su misión, visión y valores.
El personal debe saber hacia dónde va su empresa y cuál es su contribución para su desarrollo y avance.
Compromiso del personal con los objetivos de la empresa.
El personal debe tener claros los objetivos de la organización, así como también las razones de dichos objetivos. Asimismo, la organización  debe motivar al personal para su máximo desempeño, atraer esfuerzos extras y lograr un ambiente de trabajo óptimo.
Medición del personal
Se evalúa lo que el personal  está tratando de hacer y sus resultados. La medición  ayuda a entender su nivel de contribución y cómo mejorar.
Creación buenos estilos gerenciales
Motivan y fortalecen el trabajo con personas talentosas en empresas innovadoras; dirigidas hacia cambios proactivos y productivas.
Evaluaciones del clima organizacional
Permiten conocer cuál es la percepción de los colaboradores de su entorno laboral, sus necesidades, actitudes y su identificación con lo que están haciendo y  con la empresa.
Culturas de alto desempeño y desarrollo de competencias
Comparten valores y conllevan a procesos de mejoramiento e innovación.

Otro factor humano importante en la gestión cultural, que se refiere a la formación y capacitación del personal.

Así las cosas, desarrollar talentos no es una tarea que corresponde solamente al individuo como tal, en su análisis de introspección, sino también a su entorno. En el ámbito empresarial, es responsabilidad de la gestión de talento humano, o recursos humanos, descubrir, impulsar y retener estos talentos por medio de diferentes estrategias y del análisis de los aspectos analizados en el presente artículo.


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13 de abril de 2020

Talento: ¿Cómo potenciar el talento individual y en la empresa? Parte I


Para desarrollar el talento, en cualquier aspecto de la vida, se requiere de tres ingredientes indispensables: habilidades, compromiso y acción. Si uno de estos tres elementos falta, no se logrará la obtención de resultados óptimos.

Contar con los conocimientos y las capacidades para hacer uso de ese conocimiento y motivación de nada sirve si la acción se lleva a cabo fuera del tiempo. Asimismo, si se tiene voluntad, interés y disponibilidad de tiempo, pero se carece del conocimiento y las habilidades de ejecución, tampoco se tendrán los resultados esperados. Por último, contar con capacidades y hacer las cosas a tiempo no garantiza los mejores resultados si falta compromiso y motivación por la realización de la tarea establecida.

De esta forma, es importante realizar un análisis personal que nos lleve a identificar nuestras habilidades, la manera como afrontamos las oportunidades y nuestra capacidad de acción y estrategia (compromiso y tiempo) para llevar a cabo nuestra metas; sólo así podremos ver nuestras ventajas competitivas y las actitudes negativas que nos llevan a no lograr el éxito en determinadas ocasiones.

Ahora bien, la identificación de fortalezas y debilidades del individuo dentro de una organización incluye no sólo un análisis introspectivo, sino que también requiere el análisis del entorno en el cual el individuo se mueve , pues el entorno afecta directamente a la persona, al empleado, tanto de manera positiva como negativa. Todo cambio en el entorno puede acarrear amenazas y oportunidades que se hace necesario reconocer para afrontarlas de manera adecuada para beneficio propio y colectivo.

En relación con las oportunidades, éstas se asocian directamente con nuestros objetivos, de ahí la necesidad de tener siempre presentes nuestros propósitos y de identificar las oportunidades a tiempo para concretarlas en hechos y acciones con miras a alanzar nuestras metas. En el caso del colaborador de la organización, la meta será el desempeño laboral exitoso.

Por su parte, las amenazas pueden ser un obstáculo para la consecución de nuestros proyectos. Se hace necesario, pues, contar con la capacidad de identificar riesgos previamente al desarrollo de acciones, de ser previsivos y tener visión hacia el futuro desde diferentes perspectivas. Vale la pena resaltar que en el campo de las organizaciones, las amenazas se asocian a la movilidad laboral, a los nuevos entornos laborales que surgen.

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