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23 de noviembre de 2020

Cómo es una sesión de Coaching



Una sesión de coaching es una conversación, con resultados, entre al menos dos personas, un Coach, persona que dispone de aprendizajes en artes y herramientas de coaching y un cliente Coachee, quien dice, piensa o creer tener un problema o necesita y/o desea trasladarse desde donde está hasta un objetivo propuesto.

El coaching es un entrenamiento personalizado tras haber llegado a un acuerdo coach y coachee

La necesidad de la conversación de coaching se da porque surge una necesidad de dar solución a un problema, se está trabado por algo, se desea establecer objetivos y no se tiene claro…

El detonante para realizar la sesión de coaching puede ser, tener un problema al que no se le encuentra solución, como querer fijarse y alcanzar un objetivo, sin tenerlo claro ni saber cómo hacerlo, u otras muchas situaciones en las que por si solo no se encuentra solución.

En las sesiones de coaching se puede tratar:
  • Aclarar y fijar metas y objetivos bien diseñados, alcanzarlos y seguir más allá. El límite lo pone la persona.
  • Que la persona tome consciencia de sí misma, y pueda explicar sus necesidades, deseos y objetivos.
  • Fijación de un plan de acción, objetivos, metas, estrategias y tácticas accesible, medible y beneficioso.
  • Lograr despertar el desarrollo de las capacidades de acción de la persona.
  • Que la persona se pueda centrar en lo que realmente más le importa.
  • Se crean las condiciones para generar nuevas formas de pensar.
  • Que la persona tome la responsabilidad sobre sus elecciones, tomando las riendas de tu vida y sienta un hacer con sentido.
  • El motivar a las personas durante su aprendizaje hacia la superación y crecimiento personal, para lograr su adecuada situación, de excelencia.
  • Facilitar positivamente el comportamiento más adecuado para la persona.
  • Facilitar la estimulación en las personas para que aprendan y siga aprendiendo para después actuar con excelencia.
  • Colaborar en el despertar y descubrimiento de las cualidades de la persona.
  • Facilitar el reforzamiento de las creencias de base adecuadas para la persona.
  • Acompañar a la persona en la elaboración de sus estrategias, para lograr sus metas.
  • Facilitar el camino del progreso poniendo especial énfasis en la excelencia y el éxito.
  • Disolver posibles tropiezos que surjan en el camino, hacia las metas, aprendiendo de ellos.
  • En cada situación encontraremos el camino más adecuado, incluso en momentos que parece imposible todo.
  • Tratar las emociones para hacer el uso más adecuado de ellas, optimizándolas.
  • Encontraremos nuevas formas para estar en la vida.
  • Sentirás que puedes ser quien quieres y deseas ser.
  • Serás el líder de tu vida sin depender de otra persona, al ritmo que tu decidas.
  • Facilitación para ver la misma realidad de manera diferente, de la forma adecuada, a dar solución al problema.
  • Ayuda para que te concedas el ser, sentir, querer hacer y también el deshacer.
  • Facilitación del paso a una nueva realidad, dejando ir la existente sin anhelos ni deseos de permanencia.

El coach no asumirá el rol de amigo o de confesor.

En la conversación abundan las preguntas basadas en el “para qué”.

Siempre se antepondrán las necesidades, opiniones, ideas y metas del cliente, ante la opinión y pensamiento del coach.

El cliente no ha de esperar respuestas por parte del coach, aunque este ha de ayudar al cliente a sacar de sí mismo, despertando su potencial, las respuestas que necesita, lo que también contribuirá a ser más libre. Ello no significa que al cliente no le sea necesario el coach, en ese momento, pues si fuese así, ya el cliente dispondría de sus respuestas.

El cliente actúa en función de su descubrimiento, porque así lo decide él, no porque se lo haya dicho el coach.

Llegarás al final de la sesión con la conciencia adecuada para ponerte en acción, y encaminarte hacia la excelencia.

¿Deseas conocer más o quieres tomar sesiones de coaching presenciales o a distancia? Escríbenos o contáctanos


MPC Coaching

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6 de septiembre de 2017

Coaching y solución de conflictos

Hace unos meses estaba impartiendo unas clases de técnicas de comunicación en un curso de formación ocupacional se oían algunas quejas sobre el método de enseñanza del profesor del área de informática. El peso de estas quejas cada día cobraba más fuerza. Al ver que el conflicto estaba a punto de estallar, hizo que en ese momento empezara a tomar parte en el asunto.


Llegué una mañana y el ambiente estaba muy alborotado. Le pregunté al grupo qué estaba pasando y así me hicieron llegar su queja: "¡No nos entendemos con el profesor de informática! ¡Estamos pensando en quejarnos al director de la escuela!", dijeron.

En mi programa de clase, justo en ese momento estaba tratando el modelo de conversación de Coaching como un estilo de comunicación muy efectivo, así que surgió la situación ideal para poner en práctica la teoría. De esta forma, les propuse resolver el conflicto por medio de este método.

El asunto ya lo teníamos y el objetivo estaba claro: resolver esta situación para que no se alargara durante más tiempo y las clases de informática fueran más efectivas, aparte de aliviar el malestar que todo este tema estaba ocasionando.

¿Cuál era la realidad? ¿Qué estaba sucediendo en ese momento?

Pedro, el profesor de informática, era un chico joven, de unos treinta años. Estaba estudiando arquitectura y se pagaba la carrera con las clases que impartía. Era la primera vez que daba clases y se sentía cohibido delante de aquel grupo. Su forma de dar la clase era demasiado rápida para aquellas personas que por primera vez tocaban un ordenador e incluso para aquellas que intentaban ponerse al día. Daba muchas veces los temas por sabidos y entendidos, y aunque concedía la oportunidad de preguntar de nuevo, siempre respondía de forma algo cortante, por lo que finalmente nadie se atrevía a preguntar.

Este hecho durante largo tiempo había provocado que el grupo se sintiera cada vez más indignado, ya que se sentían como si los trataran como inútiles y con poco respeto.

Estuvimos trabajando diferentes opciones, desde lo que ellos necesitaban, como apuntes por escrito o un manual, ir más despacio, repetir los ejercicios varias veces y que fueran más simples, entre otras. A pesar de ello, seguían furiosos y querían hablar directamente con el director y quejarse del trato de este profesor.

Ahí, entonces, vino la pregunta clave. ¿Cómo se sentirían ellos si estuvieran en su lugar y la clase fuera a quejarse al director de la escuela directamente? Entonces hubo un silencio, así que proseguí: "yo vengo aquí a darles clases y si no les gustara mi estilo o mi forma de impartirlas, me gustaría que me lo dijeran a mí, pues así me daría al menos la oportunidad inicialmente de modificarlas y también de mantener mi profesionalidad a salvo..."

Finalmente, de forma unánime, decidieron hablar con él en un primer intento de reconciliación.

Ahora faltaba definir los siguientes puntos: qué, cómo, quién, cuándo y dónde. 

Decidieron que para hablar con el profesor, tomara la vocería una de las personas que tenía más facilidad de palabra y de exposición; este delegado le transmitiría al maestro cómo se sentía el grupo en relación con la clase y lo que consideraban que necesitaban (hicimos un pequeño ensayo). La conversación se llevaría a cabo en dos días, cuando tendría lugar la próxima clase de informática. La charla se daría en el aula y al inicio de la lección.

Dos días más tarde, al llegar a mi clase, sin darme tiempo a preguntar nada alguien dijo:"¡Profesora, ha funcionado!"

Todos estaban encantados, habían seguido el plan tal y como lo habían planteado. Pedro, el profesor de informática, les había escuchado atentamente, les dio las gracias por hacerle llegar los comentarios y, sobre todo, por no haber ido por detrás, por la espalda, y haberlo hablado con él directamente.

El cambio de actitud de ambas partes fue tan notable que, a partir de entonces, el profesor adaptó las clases a las necesidades del grupo, empezó a ir a tomar café con ellos a la hora del descanso, empezó también a asistir a las comidas y cenas que éstos organizaban durante el curso e incluso a las reuniones sociales cuando éste finalizó. Las mujeres del grupo se sentían tan felices que hasta lo nombraron "su hijo adoptivo"; ¡vaya, cuántas madres de repente le habían salido al chico!

Lo cierto es que a veces me sigo sorprendiendo de todas aquellas situaciones en las que el Coaching puede llegar a ser efectivo, desde los grandes cambios hasta las pequeñas cosas del día a día que hacen que nuestra vida sea mucho más sencilla y agradable. En este caso, un pequeño conflicto de comunicación podría haberse convertido en una sanción al profesor de informática. ¡El coaching llegó a tiempo!


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