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15 de septiembre de 2022

Resiliencia: desarrolla habilidades para resistir frente a las dificultades


La resiliencia es la capacidad de adaptarse a situaciones difíciles. Cuando el estrés, la adversidad o el trauma te golpean, sigues experimentando ira, dolor y pena, pero puedes seguir funcionando, tanto a nivel físico como psicológico. Sin embargo, la resiliencia no significa soportar algo difícil, ser estoico o atravesar la situación solo. De hecho, ser capaz de buscar el apoyo de otras personas es un componente fundamental de la resiliencia.

La resiliencia puede ayudarte a protegerte de diferentes afecciones de salud mental, como la depresión y la ansiedad. La resiliencia también puede ayudar a compensar los factores que incrementan el riesgo de presentar trastornos de salud mental, como el acoso o un trauma previo. Si ya tienes un trastorno de salud mental, la resiliencia puede mejorar tu capacidad para afrontar una situación difícil.

«Resiliencia» significa ‘poder adaptarse a las desgracias y a las dificultades de la vida’. Pon a prueba tu nivel de resiliencia y obtén consejos para desarrollar tu propia resiliencia.

Consejos para aumentar la resiliencia

Si quieres ser más resistente, ten en cuenta estos consejos:

  • Conéctate. Construir relaciones fuertes y positivas con los seres queridos y amigos puede darte el apoyo y la aceptación que necesitas en momentos buenos y malos. Establece otras conexiones importantes ofreciéndote como voluntario o participando en una comunidad religiosa o espiritual.
  • Haz que cada día tenga sentido. Haz algo que te dé una sensación de logro y propósito todos los días. Establece metas que te ayuden a mirar hacia el futuro con sentido.
  • Aprende de la experiencia. Piensa en cómo has afrontado las dificultades en el pasado. Recuerda las habilidades y estrategias que te ayudaron en los momentos difíciles. Incluso podrías escribir sobre experiencias pasadas en un diario para ayudarte a identificar patrones de comportamiento positivos y negativos, y guiar tu comportamiento futuro.
  • Mantén la esperanza. No puedes cambiar el pasado, pero siempre puedes mirar hacia el futuro. Aceptar e incluso anticipar el cambio hace más fácil adaptarse y ver los nuevos retos con menos ansiedad.
  • Cuídate. Atiende a tus propias necesidades y sentimientos. Participa en actividades y pasatiempos que disfrutes. Incluye actividad física en tu rutina diaria. Duerme mucho. Sigue una dieta saludable. Practica el manejo del estrés y técnicas de relajación, como el yoga, la meditación, la visualización dirigida, la respiración profunda o la oración.
  • Sé proactivo. No ignores tus problemas. En cambio, averigua lo que hay que hacer, haz un plan y toma medidas. Aunque puede llevar tiempo recuperarse de un gran contratiempo, un evento traumático o una pérdida, debes saber que tu situación puede mejorar si trabajas en ello.

Ser más resiliente requiere tiempo y práctica. Si no sientes que estás progresando, o no sabes por dónde empezar, considera la posibilidad de hablar con un profesional de la salud mental. 

Con asesoramiento, puedes mejorar tu resiliencia y tu bienestar mental.

Fuente: mayoclinic


MPC Coaching
mpccoachingcontacto@gmail.com

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24 de junio de 2022

Escuchar para ayudar a transformar


A menudo, consideramos que estar dotados de determinados recursos, por ejemplo para conducir grupos de trabajo, nos habilita para definir o decidir qué debe hacer el grupo. Sin embargo, esto no es así, el grupo no hará ninguna otra cosa que aquella que quiera hacer, resulta evidente que no si no quiere movilizarse para lograr el objetivo propuesto, simplemente no lo hará.

Afortunadamente, mi experiencia profesional me dice que el grupo, en prácticamente todos los casos, sí va a querer trabajar por el objetivo, lo que no quiere decir que, también a menudo, no se muestren presentes algunas dificultades, indicar un camino para superar esas dificultades, hacer descubrir al grupo sus posibilidades reales, esa sí es nuestra tarea.


Cada vez voy eligiendo con mayor frecuencia el término “dinamizar” para sintetizar mi tarea como Coach de grupos. El grupo posee una energía y una capacidad latente, mi tarea es hacer que pase de ese estado potencial a un estado real, dinamizar el estado “de posibilidad” para que se materialice, para que pase a un estado “de realidad” y para ello debo empezar por el principio.

El principio es escuchar al grupo, pasadas las presentaciones y las definiciones de la tarea a realizar, hay que dejar que las personas hablen, que muestren sus inquietudes, sus dudas e incluso sus incredulidades, haciendo esto, en definitiva nos estarán mostrando los posibles factores limitadores presentes. Hay, por tanto, que escuchar y escuchar activamente, escuchar para ayudar a transformar, cuando sea necesario, aquello que nos es mostrado.

Y aquí sí pondremos en juego nuestras habilidades, aclararemos y fijaremos el objetivo (o los objetivos) lo haremos de forma que el grupo comprenda que resultan alcanzables, modificaremos lo que sea preciso para que el grupo “haga suyo” el propósito del trabajo, mostraremos las diferencias habilitadoras respecto a situaciones negativas pasadas, también ayudaremos a que el grupo se reconozca como el mejor grupo posible para esa tarea, en suma utilizaremos lo que sabemos para hacer que el grupo pueda, realmente, firmar su propia alianza con el objetivo, la alianza que necesitamos para encarar la tarea.

Nuestra escucha debe servir también para algo más, y eso es para mostrar nuestra plena aceptación del grupo, que quiere decir también nuestra aceptación de las personas del grupo. El adagio nos lo dice con claridad: “no se transforma lo que no se acepta”. Al aceptar al grupo damos el primer paso para llegar a cumplir nuestra doble tarea, dinamizar al grupo para lograr su objetivo y colaborar en la transformación que cada persona debe llevar a cabo.

Escuchemos, entonces, para ayudar a transformar.

MPC Coaching
mpccoachingcontacto@gmail.com

24 de febrero de 2022

Un día de estos, no es ninguno de estos días


“Por mucho que lo intento, me resulta imposible poder gestionar mi tiempo. Algo debo de hacer mal. Planifico, y no me sirve de nada. Siempre acabo haciendo lo que era para ayer, siempre acabo llegando tarde a todos los lados. Me falta tiempo.” Era lo que comentaba desesperada, el otro día en una reunión, una directora de departamento. La veía rendida, y el tiempo no le rendía.


Decía Peter Drucker, gran pensador del mundo de la empresa, que “el tiempo es el recurso más importante; quién no lo sabe administrar, no sabe administrar absolutamente nada”.

Dicen que está comprobado que perdemos más de tres horas al día en el trabajo, a causa de rutinas inadecuadas, que repercuten directamente no solo en la calidad del trabajo, sino en la calidad de las vidas de los trabajadores, que se ven sometidos a agobios y prisas para terminar la labor.

Quizá el primer error que cometen estas personas es pensar que la eficacia es una cuestión de reloj, siendo más bien que se trata de una cuestión de brújula. A menudo no saber bien adónde ir se convierte en la dificultad más grande para ser efectivo. Cuando un trabajador tiene perfectamente fijadas sus metas, es muy difícil que pierda el tiempo, pues perder el tiempo, es hacer cosas menos importantes que las que podrías hacer para llegar a ver cumplido el objetivo.

Como si fuera una mandato inquebrantable, muchos trabajadores actúan bajo la consigna “si lo quieres pronto y bien hecho, hazlo tú mismo”, y así se cargan con cantidad de trabajo que podían y deberían hacer otros. Se equipara delegar a abdicar, siendo que delegar es invertir a medio plazo.

Luego: la dispersión. Saltar de tarea en tarea, como si no se fuera consciente de que uno sólo puede ocuparse eficazmente de una cosa. Y así, buscando la actividad por la actividad, se cambia de una tarea a otra, sin reparar en que esta actitud, encarece las dos, y no sólo eso, sino que las retrasa. Y aviso a navegantes: no cuenta lo que trabajas, sino lo que terminas.

La dispersión puede tener que ver con la procrastinación, es decir con el hecho de dejar de atender algo que me supone incomodidad (aunque se que tarde o temprano lo tengo que hacer), y sustituirlo por algo que me da placer. Algo parecido a cuando a un niño se le dice que haga los deberes, y contesta que le dejes ver un poco más la tele. Así, algunos trabajadores, aplazan la realización de determinados asuntos pues implica molestia. A sabiendas de que lo tendrán que hacer.

El no fijar el momento en el que se han de hacer las cosas, favorece que permanezcan sin hacer. “Lo haré un día de estos” es prácticamente dejarlo sin hacer, ya que como dice un refrán inglés: “un día de estos, no es ninguno de estos días”

La procrastinación afecta a diversos perfiles, desde directivos que aplazan reuniones porque las prevén conflictivas o desagradables, a estudiantes que se ponen a estudiar la noche de antes del examen, trabajadores que apilan expedientes o informes antipáticos o costosos… En fin: una plaga de gente que va diciendo frases del tipo: "hay tiempo más que de sobra!, no es necesario empezar a hacerlo ya!", y cuando llega el plazo de entrega, piden una dilatada prórroga, y entonces dicen: “Solo trabajo bien bajo presión…”. Claro, es que si no, no trabajan. Siempre parecen estar esperando el momento justo.

En ocasiones se culpa al trabajo de la falta de tiempo para realizar nuestros objetivos, y así puede ser habitual ver a un gerente decir que trabaja tanto (todo es urgente), que no le queda tiempo para hablar con los trabajadores o con los clientes (aunque reconoce que es importante), y quizá en aras de realizar un buen trabajo, debería revisar sus prioridades, ya que lo importante le conduce a los objetivos, y lo urgente al estrés.


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