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6 de junio de 2022

¿Cómo encontrar sentido a los malos momentos?

Tenemos una imagen de la felicidad que no existe. Hay que reivindicar el derecho para atravesar los malos momentos



Seguro que alguna vez has atravesado un momento difícil: porque no te saliera algo como esperabas, porque no te encontrabas bien o porque perdiste a algún ser querido. Lo que sea. En esos instantes no brotan emociones positivas necesariamente, ni te apetece estar alegre como unas castañuelas. Te pueden decir que veas la botella medio llena, que te animes, pero te sirve de poco. Estás mal y punto; y lo peor que puedes hacer es, además, sentirte culpable por ello. Tendríamos que reivindicar el derecho para atravesar malos momentos, porque son necesarios, porque tienen un motivo y porque quizá tengamos una imagen de la felicidad que no existe.

Posiblemente, la psicología positiva ha sido una de las grandes revoluciones en el pensamiento de las últimas décadas, sin embargo, parece que existe una corriente mal entendida que defiende que la felicidad es una vida sin dolor y sin momentos de sufrimiento. En Oriente, por ejemplo, uno de los monjes tibetanos más reconocidos, Kenchen Konchog Gyaltshen Rinpoche, reconoce las ventajas de pasarlo mal: nos aporta sabiduría, nos entrena en resistencia, nos ayuda a ser más compasivos y nos lleva a respetar de un modo profundo la realidad. Por tanto, los malos momentos nos ayudan, y todos los héroes, incluso los de las culturas más ancestrales, viven sus propios desiertos, es decir, sus instantes de bajón emocional. Es más, incluso si queremos renovarnos, seguramente tendremos que atravesar algún desierto más o menos árido.

Cuando nos sonríe el éxito, nos sentimos fuertes, invencibles y podemos caer en la arrogancia. Sin embargo, cuando nos enfrentamos a un contratiempo, a un fracaso o a una pérdida, nuestras seguridades se tambalean un poco. Nos ayuda a cuestionarnos y a indagar sobre ciertas certezas. Y eso es saludable porque transitamos de la posible arrogancia a abrazar la humildad, a tocar tierra (humus, que es el origen de la palabra). Por eso, me gusta la metáfora que utiliza Tal Ben-Shahar, profesor de Harvard, quien dice que “cuando estamos en éxtasis, miramos hacia arriba, hacia el cielo, hacia el infinito, y cuando estamos pasándolo muy mal, tendemos a mirar hacia abajo, hacia el suelo, hacia lo finito”. Y ambas miradas son necesarias para completarnos como personas.

El hecho de que pasarlo mal tenga un sentido y nos ayude a crecer como personas tampoco significa montar una tienda de campaña en esos momentos. La idea es salir de ello lo antes posible y con el máximo aprendizaje posible. Por tanto, ¿qué podemos hacer si lo estamos pasando mal?

El primer punto que necesitamos es aceptarlo. No vale de nada negarlo, decir que estás bien cuando por dentro no estás en tu mejor momento. Has de comenzar a reconocértelo a ti mismo.

Segundo, es bueno hablarlo para no convertirlo en un gigante. Los silencios y nuestras noches deforman la realidad. Por eso, verbalizarlo con alguien de confianza nos ayuda a contemplarlo desde fuera. Equivaldría a quitarle la sábana al fantasma y a ver que no es para tanto.

Tercero, identifica el aprendizaje. Cuando somos capaces de entender qué nos aporta, podemos dar pequeños pasos para salir de él. Cada aprendizaje es un peldaño hacia su salida.

Cuarto, busca recursos mentales, emocionales o físicos. En lo mental, nos ayuda relativizarlo, enmarcarlo en su justa medida o el sentido del humor. Buscar a ese amigo que sea capaz de hacerte reír de lo que te duele. En el plano emocional, nos viene bien cuidarnos, recogernos en sensaciones amables. Huir de discusiones que aportan bien poco. Y en el terreno físico, el deporte o simplemente un baño o un masaje nos permiten ir separándonos un poquito más de ese mal momento. Por supuesto, no se olvida ni desaparece, pero al menos, nos permite tomar algo más de distancia.

Y quinto, confía. Prácticamente el cien por cien de los desiertos se superan. A veces es una cuestión de tiempo. Pero en la medida en que se confíe, se tiene más energía para continuar adelante.

Todos vivimos malos momentos. Algunos se superan rápido y otros nos pueden llevar varios meses. Ambos forman parte de la aventura de vivir. No tenemos que ir a buscarlos ni regocijarnos en ellos, pero sí aprovecharlos como maestros para conocernos más a nosotros mismos, para aprender y para renovarnos como personas.

Fuente: elpais.com 

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15 de abril de 2021

La asertividad: Comunicar bien para relacionarse mejor


Como si de un acto reflejo y meramente cotidiano se tratara, a menudo olvidamos la importancia de la comunicación en nuestras vidas, en tanto que ésta supone el proceso más importante de la interacción del ser humano. De hecho, una buena comunicación nos permite la construcción de vínculos sociales más fuertes, satisfactorios, auténticos y posibilitadores.

En este sentido, como herramienta de comunicación y habilidad social, la asertividad se convierte en un factor imprescindible.

A continuación les mostramos un fragmento del libro “¿Porqué he dicho blanco si quería decir negro?” de Manuel Güell, mediante el cual nos podremos acercar un poco más al concepto de asertividad:

La asertividad puede definirse como una habilidad social gracias a la cual una persona es capaz de decir: “Yo soy así”, “eso es lo que yo pienso, creo, opino”, “éstos son mis sentimientos sobre este tema”, “éstos son mis derechos”… Y dice todo esto respetando a los demás y respetándose a sí mismo. La conducta asertiva abarca lo que se dice y cómo se dice, es decir, tanto las formas verbales como las no verbales: mirada, gestos, tonos de voz, actitudes, etc. La conducta asertiva implica siempre el respeto a la integridad de las persona y el respeto a la integridad del otro, y en este sentido es una habilidad social también relacionada con la comunicación.

La conducta asertiva no es una llave mágica con la cual se puede conseguir siempre lo que uno quiere, pero el actuar de modo asertivo provoca que la persona esté bien con ella misma y con los demás. Es decir, hay un grado de satisfacción personal porque el individuo ha manifestado lo que quería sin contradecirse ni humillarse, y al mismo tiempo ha sido respetuoso con el otro.

Vista la importancia de la conducta asertiva, los invitamos a desarrollar su asertividad con el fin –tal y como afirma el título de esta entrada– de comunicaros bien y, así, relacionaros mejor.



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